domingo, 25 de septiembre de 2011


Yo no tengo soledad


Es la noche desamparo
de las sierras 
hasta el mar.       
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo
si la Luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!



Autor: Gabriela Mistral

viernes, 23 de septiembre de 2011

"Intervalo Doloroso" autor Fernando Pessoa

Todo me cansa, hasta lo que no me cansa.
Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.

Quien me diera ser un niño poniendo barcos de papel
en un estanque de la quinta, con un dosel rústico
de redes de parral poniendo ajedreces de luz
y sombra verde en los reflejos sombríos de la poca agua.

Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente
que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar.
¿Razonar mi tristeza? ¿Para qué si el raciocinio
es un esfuerzo? Y quien está triste no puede esforzarse

Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales
de la vida de los que yo tanto querría abdicar.
Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el alma
con que esforzarme.

¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador
de aquel coche, el conductor de aquel tren!
¡Cualquier banal Otro supuesto cuya vida, por no ser mía,
deliciosamente me penetra para que yo la quiera
y se me finge ajena!

Yo no tendría el horror a la vida como a una cosa.
La noción de la vida como un todo
no me aplastaría los hombros del pensamiento.

Mis sueños son un refugio estúpido,
como un paraguas contra un rayo.
Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos
y de actos.

Por más que por mí me interne, todos los atajos
de mi sueño van a dar a claridades de angustia.

Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos
en los que el sueño me huye.
Entonces las cosas me parecen nítidas.
Se desvanece la neblina en la que me cerco.
Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma.
Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas.
Todos los pesos visibles de objetos
me pesan por dentro del alma.

La  vida es como si me golpearan con ella.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Mensajes para un gran amor Capitulo 4 (segunda parte)


CAPITULO 4

Cuéntame al oído tus secretos

(segunda parte)





Los dos regresaron  al espacio de trabajo del médico. El profesional exhaló un suspiro; no era fácil de explicar la forma de vida que llevaba Dalila. Apretó los labios y se rascó unos segundos el mentón. Caminó sin hablar alrededor del escritorio mientras, Inés lo seguía con la mirada. Entonces decidido abrió un archivero del cual sacó un expediente, y se sentó en su sillón. Sor Inés estaba  preocupada por la reacción de Dalila; parecía tan calmada en el cuarto que no imaginó que, al hablarle sobre su familia, desataría semejante escena.

-¿Cómo podré conversar con ella sin que me tenga miedo?- le preguntó al psiquiatra.

-No creo que le tenga miedo a usted.-respondió el doctor- Parece que no desea contacto con su pasado. Aquí,  quienes nos ocupamos de ella, nos interesa su presente. Siempre fue su hogar la clínica, y los intentos de cura para Dalila no dieron resultado.

Sor Inés no comprendía las palabras del médico. El profesional continúo explicando.

- Dalila nunca tuvo interés de regresar a una vida normal. Jamás preguntó por su familia o amigos.

-Pero si el tratamiento que recibió durante tantos años, para superar sus problemas, no sirvió. Solo significa que sufrió un daño mental demasiado grave- terció la religiosa.

El médico abrió el expediente. Examinó, como en otras ocasiones, las primeras hojas.
Él las conocía de memoria. Cuando asumió su cargo supo enseguida, que el caso de Dalila, era demasiado particular. Un rompecabezas sin resolver.


 -Según su registro, ella ingresó con varias lesiones: Moretones, rasguños y cortes menores. Durante un tiempo no quiso ver a nadie y estuvo encerrada varios días en un cuarto sin luz. Las enfermeras le dejaban su comida y se retiraban sin hablarle. Con paciencia permitió que se ocupasen de ella, accedió a higienizarse y de a poco logramos una mínima forma de comunicación. Quienes la atendieron, durante sus primeros años de internación, descubrieron que les gustaba dibujar y se le brindó la posibilidad de pintar cuadros. 

El director acercó la carpeta con la historia clínica de Dalila a Sor Inés.

-Eso si, las lesiones físicas existieron, ahí figura anotado. Ingresó muy golpeada.

El médico se cruzó de brazos y prosiguió su relato:

-Yo asumí la dirección de este lugar hace unos quince años. Cuando leí su historial por primera vez hubo un detalle en el expediente, que inmediatamente llamó mi atención. Esos golpes no estaban aclarados si se los hizo ella misma. Por eso, en mi opinión, Dalila sufrió un fuerte shock  como consecuencia de un acto de violencia hacia su persona.

-¿Quiere decir que fue atacada y por eso perdió la razón?- preguntó Inés

-No hay registros de que ella intentara autoflagelarse en otra ocasión- explicó el profesional –Un paciente, con inclinaciones autodestructivas, lo habría hecho de nuevo en cualquier oportunidad que se le presentara.

-¿Y su padre? Era un hombre muy poderoso. ¿No vino a verla o tratar de qué regresara a su casa?

El doctor Robles revisó un sector particular del expediente; correspondía al primer año de internación. Buscó las firmas  de las visitas. Estaban en blanco. Haciendo un movimiento de negación con su cabeza, manifestó.

-No hay registradas visitas. Usted es la primera en preguntar por Dalila  ¿Qué desea  hablar con ella?

 Sor Inés llegó a la conclusión obvia que, tratándose de una familia rica y conservadora, el hecho de tener un familiar considerado loco, se convirtió en una enorme vergüenza.

- Debo consultarle por su niñera. Saber los recuerdos que conserva de ella.

- Dalila no es consciente del paso del tiempo. Su mente vive detenida en la edad que tenia al ingresar. Ella todavía cree que es una adolescente de diecisiete años y vivencia todavía la angustia de aquel momento de su vida- declaró el médico.

-Entonces, a pesar de tratarse de una señora tan mayor, todavía puede acordarse de su niñera. Si su mente se detuvo todos los recuerdos de su niñez permanecen intactos.- manifestó esperanzada la monja.

 -¿Por qué es tan importante la niñera de Dalila?-consultó intrigado el profesional

-Es probable que su niñera haya dado a luz a una media hermana de Dalila. Si fuera así, ella tiene posiblemente otros familiares que podrían interesarse y cuidarla.

- Espere un momento...puedo darle algo que quizás sea de ayuda, para responder a todas sus preguntas.

El doctor Nicasio Robles, se puso de pie y  salió de la oficina. Mientras esperaba, Sor Inés, examinó el expediente de Dalila Molinari que el doctor había dejado sobre el escritorio. Estaba redactado con detalle lo siguiente:

 “Paciente: femenino; edad: diecisiete años. Ingresa con varios golpes en brazos, piernas y rostro. No hay huesos rotos ni señales de abuso sexual”.

A las once de la noche, de un sábado del mes de Octubre, Dalila Molinari, fue confinada para siempre en aquella clínica.





El director regresó a la oficina trayendo en sus manos un pequeño bolso de lana tejido a mano. Era de color rojo y tenía  bordado en el frente unas flores amarillas que formaban un ramo y unas cintas blancas que lucían manchadas por el tiempo. Lo colocó sobre el escritorio, mientras desataba el lazo que lo mantenía cerrado le dijo a Inés.

-Este bolso lo trajo Dalila cuando fue hospitalizada. Lo mantuvimos guardado y ella nunca lo reclamó.

Extrajo del bolso un pequeño cuaderno de cuero marrón que tenía un grabado en dorado con las palabras: “Mi Diario”,  increíblemente estaba cerrado; permanecía inviolable por una cerradura de bronce.  Ante la mirada perpleja de Inés, el doctor Robles agregó.

- Aquí siempre se respetó la intimidad de los pacientes. Jamás alguien de la clínica lo leyó o tuvo intenciones de hacerlo. Como usted es una mujer de Dios, no creo que esté mal hacer una excepción, -dijo el médico-estoy seguro que usted guardará la mayor discreción, sobre sean cuales sean, las vivencias de su juventud.

De un cajón perteneciente a su escritorio extrajo una llave pequeña y la puso en la mano de  Inés .

 -Los secretos de esa pobre mujer están ocultos ahí-señaló el psiquiatra- se lo entrego pensando en el bienestar de Dalila.

-Cuidaré este diario, y la vida privada de Dalila permanecerá custodiada conmigo-aseguró la monja.

-Después de tantos años saldrá a la luz una pequeña pista, sobre que le sucedió a la pobre niña que fue Dalila, para terminar olvidada en esta clínica- declaró solemnemente el doctor Robles.




Continuará...





Mensajes para un gran amor 
Autor: Adriana Cloudy Todos los derechos reservados © Argentina 2010

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"Con el verdadero amor ocurre lo mismo que con los fantasmas:
Todo el mundo habla de él,
 pero pocos lo han visto "

La Rochefoucauld






martes, 20 de septiembre de 2011

¿Quien es el asesino? Las sagas de asesinos seriales

Este año se estreno una nueva película de Scream, la número IV. No es esta la única saga de asesinos, ya todos conocemos bien a Halloween, Martes 13 y similares que no han tenido éxito.Mi publicación esta dedicada al origen de este tipo de historias, donde las victimas son perseguidas por un psicópata enmascarado que utiliza un arma blanca para matar a cuanto pobre infeliz se cruza en su camino.
 Casi siempre las agredidas son mujeres, o adolescentes.
Las escenas que suman violencia, sexo y variadas mutilaciones , no son ideas originales de las productoras estadounidenses.
Sino que pertenecen al cine italiano, a lo que se conoce como giallos.



El Cine Giallo es un subgénero cinematográfico de origen italiano, derivado del thriller y del cine de terror. El nombre de "Giallo" (amarillo en italiano) se debe a que estas películas están basadas en los argumentos de una colección de novelas policiacas, editadas en la década de 1930 en Italia, cuyas cubiertas eran de ese color. Este tipo de películas fue iniciado por Mario Bava con la película “La muchacha que sabía demasiado” (1963), Generalmente se considera a "Seis mujeres para el Asesino" la primera muestra de esta corriente.



Mario Bava es considerado un maestro del terror europeo, pasa de manera alternada del terror psicológico al Giallo sangriento produciendo buenos materiales en ambos.
 Su película más mítica es “La Máscara del Demonio” que cuenta con una introducción escalofriante que coloca de manera inmediata al espectador bajo un golpe de horror, casi antes de comenzar el film.
 Con estas películas Bava inaugura una especie de “terror gótico italiano” que va influenciar a muchas producciones similares.
También tres films del director Dario Argento contribuyeron a la popularización de este subgénero:

L'uccello dalle Piume di Cristallo (El pájaro de las plumas de cristal, 1970)
Il Gatto a Nove Code (El gato de las nueve colas, 1971)
Quattro Mosche di Velluto Grigio (4 mosche di velluto grigio, 1971)
En estas tres películas, el director italiano utiliza su más famoso recurso narrativo, es decir, deja en el subconsciente del protagonista la clave del misterio sobre la identidad del asesino, reforzando así el suspense. Ese enigma siempre se revela al final (a veces de una manera delirante y tramposa) y cuando sale a la luz, generalmente en forma de flashback se desata la más visceral de las violencias.
Dicho subgénero provocó que durante la década de 1970 (y gran parte de la década de 1980) las pantallas se llenaran con títulos enigmáticos, protagonizados por psicópatas enmascarados, con guantes de cuero, y bellas mujeres en peligro que se movían compulsivamente en una trama desconcertante.
Mi favoritas de Argento es:

Otro giallo famoso es "El descuartizador de New York "del director Lucio Fulci, conocido por films de zombies.


RECETA PARA UN GIALLO
*Un asesino al que nunca se le ve el rostro
*Guantes negros.
*Cuchillo o arma similar
*Mujeres bonitas
*Muchos Gritos
* Policías desorientados
*Escenas de desnudos, cantidad necesaria
*Pocas persecuciones, sólo al final para dar mayor dramatismo.

Si les gusta Scream, no duden en buscar alguna pelicula de la década del 70-80,la mejor parte es tratar de descubrir quien es el asesino.

domingo, 18 de septiembre de 2011

WE ARE THE FALLEN / EL OTRO EVANESCENCE

Ben Moody, co-fundador de EVANESCENCE junto a la cantante Amy Lee (dejó el grupo en el 2003), ha dicho que su nueva agrupación, We Are The Fallen, no estará en continua disputa con su antiguo grupo sino que ambas bandas coexistirán de manera pacífica y seguirán caminos separados.

We Are The Fallen  tiene entre sus filas a los miembros originales de Evanescence, John LeCompt en la guitarra y Rocky Gray al mando de la batería. La formación es completada por el bajista Marty O’Brien y la cantante Carly Smithson, finalista de la séptima temporada deAmerican Idol.

“Ya no existe realmente Evanescence. Es Amy Lee tocando bajo ese nombre junto a un grupo de aficionados contratados para cubrir el lugar que nos corresponde.
Ella es increíble, una muy buena intérprete y compositora. No hay razón para que ambos no existamos en este mundo. Musicalmente vamos en direcciones diferentes… The Open Door, el disco de Evanescense del 2006, no se parece en nada a lo que We Are The Fallen viene haciendo”, comentó.

Fuente:http://www.actualidadmusica.com/

Planean lanzar su segundo álbum de estudio para principos del 2012; Carly afirmó que ya tienen listo el titulo de este segundo álbum.

Yo no sabia que era de la vida del ex compañero de Amy Lee, pero me dio un poco de escalofríos que en la nueva banda busqué de cierta forma su clon.La cantante es buena pero ¿Porqué debe ser prácticamente igual a ella? Juzguen ustedes.  



We Are The Fallen realiza "I Am Only One" (Yo soy sólo Uno) en el Avalon Theater en Hollywood,
 California el 22 de enero de 2011




viernes, 16 de septiembre de 2011

NUEVO CAPITULO de Mensajes para un gran amor CAPITULO 4






CAPITULO 4

Cuéntame al oído tus secretos


(primera parte)



Sor Inés aceptó realizar una visita al desdichado que permanecía internado en la clínica. No estaba segura de poder conseguir lo que necesitaba Teresa, y rogaba al Señor, para que el alma de su amiga ya no se atormentara, con las insinuaciones maliciosas de terceros.
 Era una fría mañana dominical. Inés llevaba café caliente en un termo y llegó justo al lugar, cuando tomaba la última taza. Por suerte su vieja camioneta  no sufrió ningún contratiempo durante el camino que la demorase. Eso sí, no le exigió velocidad. Y después de cuatro horas de viaje, estaba en el sitio que le había indicado Teresa. No parecía un hospital. El edificio era similar a una enorme y elegante residencia particular, rodeada de muros formados por tupidas madreselvas que ocultaban la visibilidad de un bonito jardín. Sin carteles ni señales que indicaran que se trataba de un sanatorio.
Un guardia en la entrada, al verla vestida con su hábito religioso, le permitió pasar. En la recepción se le pidió que firmara un registro y enseguida apareció una enfermera que la guió hasta la oficina del director del nosocomio. La enfermera golpeó la puerta con sus nudillos, y sin esperar una respuesta, la abrió. Ambas mujeres entraron a la oficina. Un hombre canoso, de unos cincuenta años, con gruesos lentes, se puso de pie cuando la vio junto a la enfermera.

-Doctor, la hermana Inés tiene una cita, para  hablar con usted- anunció la enfermera.

-Buenos días, hermana tome asiento- le indicó amablemente el médico.- Debo decirle que me sorprendió mucho su llamada telefónica. Porque nadie alguna vez, preguntó por el paciente que usted desea ver- Le dijo, acomodándose en el sillón de su oficina nuevamente.  

-Gracias por recibirme doctor. Me enteré hace muy poco sobre el paciente y que estaba internado aquí, es mas, no tenia idea de que existía esta clínica a tan pocos kilómetros de San Onofre- admitió Inés.

- El ingreso a nuestra institución se produjo hace unos cuarenta años. Desde esa época casi no habla- le informó el profesional- Rara vez lo hace y lo único que sabemos es qué, alguien que nunca dio su nombre, arregló que sus gastos estuvieran pagos durante toda su vida.

Para el médico, quién ingresó al paciente en el centro de salud, representaba un verdadero enigma. Todos esos datos en los registros figuraban en blanco.

-¿Podré ir a su cuarto para verificar su estado actual de salud? -preguntó la religiosa.

-No hay problema hermana, pero no espere gran cosa.

Acompañó sus palabras poniéndose de pie y dirigiéndose hasta la puerta.

-Vamos hermana, de seguro estará tomando el desayuno suele estar de buen humor en las mañanas-le dijo haciendo un pequeño gesto con la cabeza para que lo siguiera.

Caminaron por un corto pasillo, y después subieron por la escalera principal que los condujo hasta la planta alta. El edificio no tenía el aspecto de ser un lugar para cualquier clase de paciente, lucía más bien, como una clínica privada para gente rica; gente loca pero con dinero suficiente para seguir viviendo entre pequeños lujos. Otro pasillo apareció frente a ellos, finamente alfombrado de gris. Las puertas, de las diferentes habitaciones, permanecían sin cerrojos, y de algunas, se asomaban internos que los espiaban. Individuos amarillentos con la mirada fría y distante. Seres resignados de la suerte que les había tocado. Sor Inés se compadeció de aquellos hermanos cuyas mentes permanecían bajo ese penoso estado. Estado que los privaba del contacto con la realidad. Demencia a la que habían llegado, quizás por consecuencia de un gran dolor.

El médico se detuvo y le advirtió:

-Hermana, hay algo que le resultará increíble. Mejor véalo usted misma.


Después de decir esto, abrió la puerta del último cuarto del pasillo. La habitación era amplia, mucho más grande que un cuarto normal. En cada pared, resaltaban unos magníficos murales. Estaban pintados desde el techo hasta el suelo. Hermosos y coloridos, era la obra de un gran artista. Un artista lleno de imaginación; que conocía la técnica del arte, y poseía una gran sensibilidad.
No eran figuras terribles, lo que se había representado en aquellos muros, teniendo en cuenta que el autor se encontraba en un psiquiátrico, no demostraban sordidez, al contrario, las ilustraciones eran imágenes bellísimas. Paisajes de mágicos lugares, enriquecidos con delicados detalles de la naturaleza. En una pared, un jardín japonés estaba representado con un lago con peces, lleno de flores y con la típica edificación asiática. En otra pared, dos pequeñas niñas jugaban en una soleada y tranquila playa. La obra daba la sensación de poder sumergirse en ese mar artificial. En las dos restantes, estaban retratadas las mismas dos niñas, jugando en un espléndido parque, con árboles y rosas. Un mural mostraba  el parque primaveral, brillante cubierto por la luz  del día.  El otro era  el mismo escenario con las dos pequeñas, pero cubierto por el encanto de la noche, con una luna plateada como figura central.

Sor Inés no pudo evitar una exclamación, que manifestaba su impresión ante lo que veía. El médico sonrió orgulloso de lo que había en la habitación.

-A veces, me quedo aquí sentado a ver como pinta-le comentó el profesional- Hermana, nosotros tenemos a un genio escondido en la clínica.

Cruzó los brazos y observó un instante, con mirada paternal, a una abuela sentada en una silla blanca de madera. El director se inclinó un poco hasta el oído de la religiosa, y en voz baja le dijo a Inés:

-Ahí está nuestra artista. Desayunando.

La habitación olía a flores. Iluminada por una gran lámpara de techo, no había ventanas pero cada pared parecía un paraíso. Podía decirse que el encierro, tenia su propio color de libertad y que había sido creado, por el ocupante de la habitación.

-Hermana se quedará usted unos minutos sola. Enseguida enviaré una enfermera-le dijo el director y salió con cuidado del cuarto.

Ante la tranquilidad de la paciente, Sor Inés, decidió  presentarse amigablemente. La mujer, a  quien se dirigía, untaba minuciosamente su tostada con dulce de frambuesa y miel. Abstraída en esparcir el dulce sobre el pan. La monja fue acercándose lentamente y cuando estuvo a una distancia, que le permitía hablarle si levantar la voz, le saludó con delicada afabilidad para no interrumpir con brusquedad sus pensamientos.

-¿Cómo estás Dalila?

La religiosa dudaba si podía escucharla, porque se trataba de una mujer mayor, pero su aspecto no era el de una típica abuela. Tenía el cabello muy largo, sobrepasaba su cintura, de un rubio dorado mezclado con varias canas, y lo llevaba prolijamente peinado en una trenza. Usaba un largo vestido verde claro, con un estampado de pequeñas flores blancas, y adornado con volados en el cuello; similar al de las nenitas que aparecen en los dibujos de Sarah Key.

-Me llamo Sor Inés, vine a visitarte porque hay alguien que desea saber si te encuentras bien.

Inés continuó hablando y la anciana ensimismada en la tarea de comer su pan.

-Vengo de parte de Teresa, ella es nieta de tu niñera ¿Recuerdas a Sandrina?

 Trató de despertar algún recuerdo en Dalila.

- Te cuidaba cuando eras pequeña. Ella tenía una hija casi de tu edad. Se llamaba Rita ¿te acuerdas?

Estos datos se los había dado Teresa, para facilitar la tarea de la monja. Intentaba que la anciana mujer pudiese conectarse con su pasado, y aclarar si Rita, era una hija de Don Benito Molinari. No obstante, esperar que Dalila diera una respuesta certera sobre si existía un vínculo familiar con Teresa, se presentaba demasiado complicado.
Ella no decía nada. Ni miraba a quién le estaba dirigiendo la palabra. Seguía en su delicado proceso de untar la dulce miel a cada tostada, sumida en un silencio indiferente. Como la religiosa no obtenía ninguna reacción, probó acercarse un poco más. Estaba a menos de un metro de distancia. Se agachó lentamente hacia delante para tratar que Dalila la mirara a la cara.

-Dalila, y a tu hermana Ester Molinari ¿La recuerdas?- le preguntó Inés

Se produjo una especie de estallido, dentro de ese cuarto. La pregunta fue el detonador de un caos. La interna soltó la cucharita con miel; y empujó la mesa con una fuerza terrible, desparramando toda la vajilla, que se hizo pedazos contra el suelo. Dalila se arrojó al piso, revolcándose con la cabeza entre las manos. Los gritos que lanzaba eran los de un animal desesperado. No se detenía. La religiosa trataba de calmarla, pero era inútil. Tirada en el suelo, con ambas manos seguía sujetando su cabeza y gritando sin parar. Con violencia Dalila se sacudía en el piso.

Una enfermera de guardia, entró en la habitación y preguntó estupefacta:

-¡¿Qué sucedió?!- y enseguida miró ofuscada a la intrusa. Se agachó junto a Dalila y la sostuvo con firmeza.

-Solamente le hablé- explicó angustiada sor Inés-¡Dios mío, por favor! No quise hacerle daño.

-¿Dalila te lastimaste? – preguntó la enfermera mientras revisaba las manos de la anciana que ya no gritaba pero continuaba gimiendo.

Otro enfermero entró en el cuarto. Esta vez, se trataba de un hombre ancho y fornido. Tocó con su mano el hombro de Inés y le pidió:

-Hermana espere en el pasillo, por favor- acompañó sus palabras empujando mansamente a la religiosa hasta afuera de la habitación.

-Vamos a tratar que se calme- aclaró el hombre.

Los gemidos similares a un alarido,  continuaban escuchándose. Sor Inés se quedó de pie sola en el pasillo, muy avergonzada. No esperaba semejante reacción. Varios minutos después la enfermera salía de la habitación. Bajó las escaleras sin decirle nada. Sor Inés esperó un rato más en el pasillo, hasta que apareció el director de la clínica.

-Acompáñeme hermana. Conversaremos en mi oficina-le dijo-No creo que por hoy pueda tratar de comunicarse con ella.





Continuará...



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Fly Me to The Moon, Llévame hasta la luna







Estas es una de mis canciones favoritas, busqué un vídeo con subtitulo para que se pueda entender la letra, la melodía es lo mas bello que escucharán.
Hay diferentes versiones de esta canción, la más famosa es la interpretada por Frank Sinatra
En lo personal pienso que una voz femenina  le otorga una mayor calidez.


Novela: Mensajes para un gran amor Capitulo 3 (Continuación)



CAPITULO 3

CARTAS DE OTOÑO

(Segunda parte)



 En la residencia Molinari también se compartía la espléndida  tarde, con una taza de té humeante y perfumado, Victor y Ester, platicaban de temas menos trascendentales que los de Teresa e Inés.

-¿No tiene un sabor delicioso? Siempre agrego unas cascaritas de naranja en el agua, le dan un aroma especial-explicaba a su acompañante, Doña Ester-¿Azúcar, profesor?

-Si tres cucharaditas, por favor.

Víctor tenía  en su regazo, el portafolio con las cartas dentro y sentía que le quemaban sobre sus rodillas. Pensaba tomar el té y despedirse hasta el lunes siguiente. En la intimidad de su casa examinaría esos sobres uno por uno. Ester saboreó satisfecha la infusión y sonriéndole preguntó:

-¿Encontró algo interesante cómo para comenzar escribir?

-No.

Contestó fríamente Víctor Valente, se sentía apremiado por el pequeño crimen de llevarse aquellas cartas a escondidas. También estaba un poco sorprendido que Ester no conociera de memoria lo que había en la oficina de su padre, y en el fondo, temía que ella se arrepintiera de darle tanta libertad para manosear documentación personal sin su supervisión. Le respondió, con más calma para no despertar sospechas en la anciana.

-Todavía no revise con detalle. Apenas abrí un solo baúl, donde había varios recibos de compras.

-Mi padre era un hombre muy ordenado, guardaba todo. Seguro hallará cosas interesantes para el contenido del libro -le comentó la anciana.

-¡Por supuesto!-aseguró Víctor, tratando de disimular su verdadero entusiasmo por su reciente descubrimiento.

-Papá, llegó al pueblo acompañado de mi madre, eran una joven pareja sin mucho dinero, y gracias a su sagacidad logró forjarse una fortuna rápidamente.

-Cuando murió su madre ¿Él personalmente se ocupó de su educación?- interrogó el profesor.

- Exactamente profesor. Papá era un hombre muy culto. Le fascinaba el arte y la música. Por eso yo tuve clases de piano desde muy pequeña, permanecí en mi hogar pero, no me faltaron buenos profesores-dijo Ester con orgullo.

-¿Don Benito, no pensó en casarse de nuevo? ¿Buscar una nueva madre para usted?

- Amó demasiado a mi madre, y respetaba su memoria- le contestó con seguridad- Toda su vida la dedicó a su trabajo. Siempre estuvo ocupado conmigo y sus negocios.

Ester cambió de tema.

 -Cuénteme, ¿Cómo se encuentra Jacqueline?

-Muy bien. Vendrá dentro de unos días, debe rendir varios exámenes. Cursa el primer año de literatura- le dijo Víctor.

-¿No es el destino algo curioso? Encontrar el amor de una forma tan casual. Jacqueline vino al pueblo porque su trabajo exigía entregar una encomienda- y agregó con picardía- Gracias a esa tarea lo conoció a usted.

El comentario de Ester fue la forma perfecta de llevar la plática a un terreno más jugoso.

-Así es el amor, puede aparecer de pronto. No quisiera ser indiscreto pero... tengo entendido que en su primera visita, hablaron de grandes amores-exclamó despreocupadamente el muchacho.

-Profesor, yo también  fui joven. Tuve la suerte de conocer los efectos del enamoramiento. El amor puede llenarte de felicidad un día y de tristeza el siguiente. Mis momentos vividos fueron muy dispares, pero aprendí a guardar sólo los bellos recuerdos.

-¿Tuvo un único gran amor?-Víctor se mordió los labios. Era muy directo, casi un atrevimiento la pregunta.

La anciana reflexionó unos segundos y respondió:

- Honestamente si. Yo tenía dieciséis años la primera vez que lo vi-en la mirada de Ester asomó un leve destello-Jamás pensé que iba a corresponderme.

Siguió hablando emocionada con el recuerdo.

-Como toda mujer enamorada,  sentí que mi alma se despegaba de mi cuerpo, cuando lo conocí. Era un hombre elegante, alto, simpático y muy educado.

Los dos se quedaron en silencio unos instantes bebiendo pequeños tragos del té caliente. Entonces Ester, ruborizándose, le confesó a Víctor:

 -Era un gran amigo de mi padre. Nunca pasó por mi vida otro hombre como él. Lucio fue el único verdadero caballero que encontré.

La fisonomía de Víctor permaneció tranquila al escuchar el nombre de Lucio, pero su corazón latió con fuerza contra su pecho. ¡Las cartas, que llevaba escondidas en su portafolio!, todas  eran de ese tal Lucio. Y no iba a entregárselas a la destinataria.
Víctor había aceptado el ofrecimiento de Ester por una clara razón, realizar un libro que se vendiera con éxito y  le diese fama. Esas viejas cartas podían serle muy útiles.
El profesor tenía conocimiento, por versiones de varios vecinos de la comunidad, que en la familia Molinari  nada era lo que parecía. Su real intención era escribir un libro con un perfil escandaloso.
El padre de Ester, se radicó en el pueblo junto a otras familias y obtuvo su fortuna de manera poco honesta. Fue un hombre dedicado a las importaciones y exportaciones de diferentes tipos de mercadería, y además, un prestamista. En su oficina con paciencia hallaría las pruebas de posibles estafas, llevadas a cabo por Don Benito.
La aparición de nuevos misterios dentro de la familia significaba, para Víctor, poder desarrollar una historia más atrayente a los lectores. ¿Cómo lograría ése resultado el profesor?
 Simplemente con la revelación de todos los secretos de los Molinari, expondría lo que hubiesen escondido sin escrúpulos, ni reparos. El joven profesor ansioso por marcharse anunció que se retiraba.

-Agradezco toda su amabilidad señora Ester. El lunes regresaré temprano para dedicarme completamente a mi investigación.

-¿A qué hora lo espero? Le diré a Teresa que esté atenta  a su llegada-exclamó sonriendo Ester.

-Desde la escuela vendré directamente para aquí.-respondió él.

-Muy bien, entonces avisaré a Teresa, que coloque un plato más en la mesa. Almorzaremos los dos en el comedor principal.

-No quiero resultar una molestia.

-Por supuesto que no lo será. Siempre estoy sola en la mesa .Es hora de empezar a cambiar esa situación- y le pidió que no se olvidará de traer a Jacqueline cuando viniese a visitarlo.

- Ella vendrá a saludarla como siempre- le aseguró.

 Víctor se despidió, dándole la mano a la dueña de casa. Caminó por el largo pasillo, que lo llevaba hasta la puerta principal, apretando fuertemente el portafolio bajo su brazo. Tuvo la sensación de comportarse como un ser extraño, como un animal, como un buitre. Un ser carroñero, que se deleita gracias a  la desgracia de otro ser. El mundo estaba lleno de carroña él usaría un poco a su favor.
En su casa, esa noche,  revisó, uno por uno, los sobres. Observó los sellos postales atentamente tenían las fechas un poco borradas. Habían sido enviados todas las semanas durante  cinco meses, entre los meses de otoño e invierno, de hacía cincuenta y dos años.
 Todos esos años, los sobres permanecieron cerrados y escondidos, dentro de aquel baúl en la oficina de Benito. El joven  se pasó la mano por la frente. El remitente le preocupaba, el nombre Lucio Bravo,  se le hacia demasiado familiar. Alguna vez...lo había escuchado.

-Ella dijo que era un amigo de su padre- recordó Víctor-Quizás un socio de Benito...

 Aunque la publicación de la biografía seria financiada por Ester. Los planes de Víctor eran ofrecer el libro a una importante editorial que le diera la posibilidad de ser conocido internacionalmente como escritor.
La vida de Benito Molinari, un millonario desconocido, podía ser un tema difícil de vender a un editor, si le faltaba un conflicto atrapante. La solución a sus problemas estaba en sus manos, en esas cartas de amor, dirigidas a Ester. Fácilmente podría utilizarlas para su libro.





Adrián llevaba tres días en el pueblo. Las cosas  no estaban resultando tan sencillas, como había imaginado en su casa. Sus tíos se mostraban felices con su estadía. Sin embargo, el tío Florián, se sintió preocupado apenas supo en que consistía el rodaje.

-Sobrino hay un problema muy sencillo en el asunto -dijo seriamente el anciano.

-¿Cuál tío? ¿Crees que todavía la gente tendrá miedo de hablar?


-Querido. La mayor parte de las personas de esa época fallecieron. Con suerte encontrarás uno o dos que te ayuden- le explicó.


 El muchacho no se dejó desilusionar. Empezaría grabando el relato de su pariente, y después vería la forma de continuar. Su primer registro fueron los recuerdos de su tío. Grabaron en el exterior de la casa, eligiendo un rincón soleado en el patio. Florián no quería que su esposa escuchara y se pusiera celosa. Por eso aprovecharon cuando ella estuvo ocupada amasando el pan.

-¡Listo! -le avisó su sobrino- Tío, la cámara ya está filmando. Cuente todo lo que recuerde de ella.

-Bueno a ver... Era muy bonita, rubia, parecía de oro su cabello y se peinaba como se usaba en aquella época con unos largos bucles. Tenía los ojos verdes como esmeraldas. Era alta y delgada
 ¡Su sonrisa era la más bonita del mundo!- con un tono entusiasta Florián, prosiguió- Dos veces por semana, ella venia al centro del pueblo a comprar pinturas, en una pequeña tienda.

-¿Pinturas? ¿Óleos?-preguntó el muchacho-¿Pintaba cuadros?

-Exactamente. Algunas veces, yo la espiaba de lejos.-confesó el tío, ruborizándose - En el patio de su casa estaba siempre con su caballete. Y pasaba la tarde concentrada en sus dibujos.

-Entonces por algún lado habrá un cuadro realizado por ella-dedujo el joven

-En su casa seguramente ¡Pero ahí no podemos ir!- sentenció Florián, y el temor resplandeció en sus ojos  por unos segundos.

-Tranquilo tío. Te prometí que no provocaríamos  problemas con mi documental-le aseguró Adrián.

El anciano se acomodó en la silla, apoyó su mano derecha en el mentón y siguió relatando:

-Un día le pregunté a la encargada de la mansión porque ya no se la veía por el pueblo y me contestó que estaba muy enferma. Que por recomendación del doctor, la mandaron unos días a la casa de un pariente.

-¡Y no regresó más!-interrumpió Adrián.

- Por suerte si regresó. Y estuvo todo el verano, yendo y viniendo como siempre. Paseaba feliz por el pueblo montando a su caballo. Cuando llegó el otoño se quedó recluida, en su casa y no volví a verla.

 -¿Se  enfermó otra vez?- dijo el joven

- Los chismes decían que se había enfermado gravemente un familiar y que ella lo cuidaba.

Respondió Florián.

-¿Sería su padre?

-No creo. A don Benito jamás se lo vio enfermo. Murió en su casa de un ataque cardiaco.

Florián en su voz no disimuló su decepción. En realidad le habría gustado que sufriera bastante antes de morir.

–  ¡Nunca  ese viejo estuvo en un hospital!- expresó enfáticamente.

-Pero... ella, ¿ya no aparecía por el centro del pueblo a comprar sus pinturas?

- ¡El dueño del negocio me dijo qué no la conocía! ¡Qué nadie compraba ése tipo de cosas!

- Quizás no la recordaba el dueño de la tienda- sugirió Adrián, aunque era raro olvidarse de una de las hijas del hombre más rico del pueblo -No averiguaste en su casa si otra vez estaba de viaje.

-Yo de joven trabajaba  en el molino y entregaba las bolsas de harina a domicilio. La última vez que fui a la mansión me dijo la encargada:”Ya no necesitamos el pedido semanal” y entre enojada y asustada me aconsejó, “Mejor no andes preguntando por nadie de la casa”

- Claramente una amenaza.

-No- afirmó Florián-. Yo creo que  doña Nicoletta quería protegerme de don Benito.

-¿Alguna vez  te habló directamente ese hombre, tío?

- No, jamás. Pero a la mansión, cuando llegaron nuevos empleados, de varios me hice amigo. Todos me decían: “No hay ninguna muchacha en la casa, como la que buscas”.

 El desconcierto y la tristeza todavía pesaban en el corazón de Florián, y terminó su relato a media voz, como si el dolor fuera reciente.

-Nunca supe que sucedió con ella.






Mensajes para un gran amor 2010  Argentina
Autor: Adriana Cloudy Todos los derechos reservados ©

Continuará...





jueves, 15 de septiembre de 2011



El lamento del Vampiro

Vosotros, todos vosotros, toda
esa carne que en la calle
se apila, sois
para mí alimento,
todos esos ojos
cubiertos de legañas, como de quien no acaba
jamás de despertar, como
mirando sin ver o bien sólo por sed
de la absurda sanción de otra mirada,
todos vosotros
sois para mí alimento, y el espanto
profundo de tener como espejo
único esos ojos de vidrio, esa niebla
en que se cruzan los muertos, ese
es el precio que pago por mis alimentos.



Autor: Leopoldo María Panero



El Vampiro

Tú que, como una cuchillada;
entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
de demonios, viniste loca y adornada,
              
para hacer de mi espíritu humillado
tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
como el forzado a su cadena,
              
como al juego el jugador empedernido,
como el borracho a la botella,
como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
              
Supliqué a la rápida espada
que conquistara mi libertad
y supliqué al pérfido veneno
que sacudiera mi ruindad.
              
¡Ay! el veneno y la espada.
Me desdeñaron diciéndome:
-No eres digno de que se te libere
de tu esclavitud maldita.
              
-¡Imbécil! -Si de su dominio
te libraron nuestros esfuerzos,
tus besos resucitarían
el cadáver de tu vampiro.


Autor: Charles Baudelaire


miércoles, 14 de septiembre de 2011

Vampiros y Tim Burton se viene DARK SHADOWS

Uno de los nuevos proyectos de Tim Burton, ya esta desarrollándose en Inglaterra.Se trata de una historia de vampiros. 
La adaptación de una serie gótica de los 70, Dark Shadows (Sombras Tenebrosas).



Dark Shadows es una serie de finales de los sesenta que narraba la llegada de Victoria Winters a Collinwood como institutriz de David Collins. Pronto sería testigo de los extraños sucesos que ocurrían en la mansión con toda clase de seres sobrenaturales como vampiros, hechiceros, brujas, hombres lobo, épocas pasadas, futuras e inclusos mundos paralelos


La versión de Tim Burton tendrá la siguiente trama.

Dark Shadows se desarrollará durante el año 1752, Joshua y Naomi Collins, con su joven hijo Barnabas, parten en barco desde Liverpool para comenzar una nueva vida en América. Pero un océano no es suficiente para escapar de una misteriosa maldición que ha marcado a su familia. 
Dos décadas después de este viaje, Barnabas (Johnny Depp) tiene el mundo a sus pies, o al menos la ciudad de Collinsport, Maine. Barnabas es rico, poderoso y un playboy en toda regla hasta que comete el error de romper el corazón de Angelique Brouchard (Eva Green), una bruja, en el sentido completo de la palabra, que castigará a Barnabas a un destino peor que la muerte… le convertirá en un vampiro y luego le enterrará vivo...
Dos siglos más tarde, Barnabas es liberado inesperadamente de su tumba y emerge en un mundo totalmente cambiado en 1972. Él vuelve a Collinwood Manor y encuentra que sus bienes han desaparecido y está en la ruina. A los demás miembros de la familia Collins les ha ido mejor, si bien cada uno alberga sus propios secretos. Ahora son Matriarch Elizabeth Collins Stoddard (Michelle Pfeiffer) como psiquiatra y la Dra. Julia Hoffman (Helena Bonham Carter) quienes ayudan en los problemas familiares.

Johnny Depp será el vampiro




Imágenes del Backstage



Tim Burton y Jhonny Deep



Todo lo que hacen juntos me gusta.
Siempre recomiendo en esta parte, esta vez pregunto:
 ¿Cuál es tu favorita de las películas que han hecho Burton y Deep?