martes, 1 de noviembre de 2011

Mensajes para un gran amor CAPITULO 4 ( tercera parte)



CAPITULO 4

Cuéntame al oído tus secretos

(tercera parte)




Jacqueline fue a pasar el fin de semana, como de costumbre,  a casa de Víctor. El domingo, la pareja almorzó con doña Ester, en su mansión. La anciana disfrutaba cada vez más recibir  visitas en su hogar. Estaba decidida ha dejar de ser una ermitaña. Visiblemente feliz, conversó sobre diversos temas con la pareja, hasta las últimas horas de la tarde.

-Jacqueline, ¿seguirás trabajando para la empresa de encomiendas? ahora que estás tan ocupada con tus estudios -quiso saber Ester.

-Si señora. Mi jefe es muy considerado y organizó mis horarios para que no interfieran con mis clases-contestó Jacqueline.

-¿Todavía debes viajar grandes distancias?-preguntó la anciana.

-Mi nuevo itinerario incluye solamente entregas bastante cercanas. Qué por cierto son numerosas, cada vez confían más en el servicio que ofrecemos.

-¡Entonces es un éxito la mensajería! Fue una gran idea de tu jefe brindar seguridad a la correspondencia;  realmente invirtió en un buen negocio.- afirmó  Ester.

- La  idea pertenece a su padre. Él siempre le dijo que lo peor que podía pasarle a una persona era perder la carta enviada a un ser querido. Nuestro lema es: las cartas llevan con ellas los sentimientos de quién la envió se merecen  un gran respeto y cuidado.

Al escuchar esto, Víctor que se mantenía en silencio, no pudo evitar ahogarse con la comida y comenzó a toser fuertemente. Claro que era muy extraño atragantarse con un mousse de chocolate. El joven no podía dejar de toser, y se había puesto colorado.

- ¿Mi amor, estás bien?-le preguntó sorprendida su novia.

 Víctor asintió con la cabeza tomando varios tragos de agua, el refrescante líquido frenó la tos. Pasada la interrupción, Jacqueline continuó explicando el origen de la empresa a la que pertenecía.

-Mi jefe creó su compañía de entregas a domicilio, porque su padre le decía que debido a una mala experiencia personal nunca había confiado en el correo, por eso nos aseguramos de que lo remitido llegue a su destino dentro de las cuarenta y ocho horas.

- Y por esa razón crece el número de clientes.- destacó Ester- Gracias al compromiso que mantienen en su labor. Seguro que a mi padre le hubiera gustado su tipo de servicio. Detestaba terriblemente a los irresponsables. Hay que tener mucho cuidado con algo tan delicado como la correspondencia, un mensaje perdido puede derivar en una tragedia.- dijo Ester, mirando con benevolencia al profesor que seguía respirando hondo.

Las últimas palabras de Ester, le hicieron mucha gracia a Víctor Valente. Tenía veinte cartas en su poder de un pobre infeliz que rogaba desesperado en cada epístola  que le respondiesen.
El joven había leído detenidamente cuatro de esas cartas en orden cronológico. La primera enviada informaba al objeto de su amor acerca de un corto viaje a realizar, y de su pronto regreso; la segunda de una fuerte gripe que no lo dejaba regresar en el tiempo esperado; la tercera expresaba una angustiante preocupación por la falta de respuesta de su amada, y la cuarta seguía igual.





Teresa les llevó unas copitas de licor de frutillas y unas masitas con crema, que Jacqueline recibió alegremente como una niña pequeña. Víctor permaneció muy callado, repasando en su mente la actividad de toda la semana en la oficina de Benito Molinari. Ordenando cuidadosamente todos recibos que el difunto tenia, descubrió una buena cantidad de pagarés firmados por ciudadanos de San Onofre. Hasta ahora sabía que todo habitante del pueblo, mientras él estuvo vivo, en algún momento le había pedido dinero prestado. Los extensos campos pertenecientes a don Benito,  eran resultado de diferentes embargos. Molinari era un ambicioso usurero.
Víctor pensaba a diario acerca de la manera de comprobar qué también era un estafador. Además, esperaba encontrar en  la vida personal del viejo, algún escándalo para desenmascarar lo falso de su imagen de perfecto padre de familia. Eso era lo importante.
Jacqueline interrumpió sus pensamientos diciendo:

-¿Nos vamos Víctor?, quiero saludar a tu madre antes de irme.

 -Agradezco mucho la compañía de los dos y te espero pronto, Jacqueline.- exclamó Ester, mientras besaba ambas mejillas de la muchacha.

-El próximo domingo, vendré en la tarde, a tomar el té con usted- le prometió la joven.

-Nosotros nos vemos mañana, doña Ester-saludó Víctor.

Estaba feliz de irse porque se sentía bastante aburrido.

-Adiós profesor. Mañana hablaremos sobre los progresos del libro-  su voz adquirió el tono de firme amabilidad, que su padre le había enseñado. Tono de voz, que su progenitor utilizaba cuando quería dejar en claro que un socio siempre era solo un socio. Aunque cenara, almorzará o compartiera cualquier momento íntimo con la familia, seguía siendo un subordinado.

Sobre el libro: Víctor lo único que tenia escrito hasta ahora, eran varias fechas. Todavía esperaba encontrar un rumbo para su historia. Pero inventaría algo para dejarla tranquila. Estaba cansado y fastidiado de las conversaciones con Ester. La mujer idolatraba a su padre; realmente vivió toda su juventud metida en una burbuja, su padre la había convertido en una princesa alejada de los sapos.
Los dos enamorados, se fueron caminando de la mano por el camino principal de San Onofre, observando al ocaso teñir suavemente al cielo de rojo. Hablando como toda pareja de todo y de nada. Jacqueline era una chica muy alegre. Él era un poco más reservado sobre sus pensamientos y prefería escucharla a ella. En su empleo  la muchacha siempre conocía  personas muy singulares y solía compartir con su novio alguna simpática anécdota. Caminar juntos, acompañados por el sonido del ambiente que los rodeaba, era para Víctor y Jacqueline, un placer similar a la  sensación de flotar sobre las nubes en los sueños. Esa sensación que ofrece el primer amor.




Mientras tanto, Adrián no perdía el tiempo. Todo el domingo estuvo a pleno, ocupándose de su documental. Junto a su tío visitaron a una vecina que conocía varios datos importantes. Adrián tenía la intención de entrevistarla. La señora aceptó y  permitió instalar en su casa, sin objeciones, todo lo necesario para filmar su testimonio. Doña Ethel, era una mujer sesentona que le encantaba hablar: primero relató su vida dónde nació, y como conoció a su esposo; luego la infancia de sus hijos. Adrián con paciencia la dejo hablar. Sabía que lograr la confianza del entrevistado era primordial. Pero la cámara seguía grabando y todavía no obtenía lo que necesitaba: Datos confiables que lo ayudaran a avanzar en el camino de su investigación.
De pronto, doña Ethel detuvo su monologo. Miró Adrián con extrañeza unos segundos y con un tono dubitativo le preguntó:

-¿De quién, me dijo que se trata el documental?-y agregó con tono confuso- ¿De una chica que desapareció  del pueblo?

La señora, tenía presente muchos acontecimientos importantes del pueblo. Y conocía tanto a los que estaban como a muchos que se habían marchado del pueblo. Adrián detrás de la cámara le hizo un gesto afirmativo, entonces formuló una  pregunta, que desconcertó al joven cineasta.

-¿Pero de cuál jovencita desaparecida les interesa saber? ¿De Rita o Dalila?- le preguntó.

- Investigo el paradero de Dalila Molinari, pero si gusta puede contarnos sobre Rita también.

 Como les había prevenido, todos los datos que podía aportar sobre el tema, provenían de otra fuente: su marido. Por suerte la entrevistada recordaba con claridad el incidente.

- Rita y Dalila eran muy amigas de mi cuñada Ofelia, hermana menor de mi marido. Las tres tenían  casi la misma edad-recordó la mujer- les diré, lo que me contó una vez mi esposo, sobre esas mujercitas...

La señora se distrajo, interrumpiendo su testimonio, porque abrieron la puerta de su casa. Una pareja atravesó el umbral. Se trataba del hijo menor de la anciana junto a su novia. El muchacho frunció el entrecejo cuando vio la casa invadida de cables, de una cámara, de micrófonos, luces y hasta un grabador de periodista sobre la mesa. La madre, sin prestar atención al gesto malhumorado del recién llegado, sonrió dándole la bienvenida.

-¡Hijo, ya llegaste! -exclamó eufórica la mujer- ¡Mira Víctor, tenemos un director de cine en el pueblo! Quién diría, que a mi edad saldré en una película.

 Pero la reacción del joven no fue para nada positiva. Su rostro enrojeció colérico y comenzó a disparar preguntas como si fuesen cañonazos dirigidos directamente a Adrián y Florián.

-¡Mamá! ¿Qué significa esto?- sin permitir que le respondiera, prosiguió- ¿Usted quién es? ¿Qué hace en mi casa?- el muchacho obviamente irritado, interrogaba a Adrián, sin darle tiempo a contestar.

El tío Florián, conocía a Víctor desde pequeño nunca lo había visto tan enojado. Intentó calmarlo contándole la razón de tanto alboroto en su hogar

-No te enojes Víctor. Mi sobrino realiza un documental sobre Dalila Molinari- se excusó Florián.

Al escuchar el nombre la jovencita que lo acompañaba abrió enorme sus ojos. El apellido era sumamente conocido  para ella.

-¡Váyanse inmediatamente!- rugió Víctor señalando la puerta.

 Jacqueline, pues de ella se trataba, con curiosidad les preguntó a los dos pasmados invasores.

-¿Por qué no esperaron que llegara Víctor? ¿Debían consultarle primero si estaba dispuesto a colaborar con ustedes?

-No me interesaba hablar con él... señorita - le respondió Adrián con un tono engreído

-¡Junten todo y salgan de mi casa!-repitió firmemente Víctor-Mi familia no quiere involucrarse en ningún chusmerío pueblerino.

-¡Pero si es algo que sucedió hace cuarenta años!- replicó Adrián.

-¡No importa! la gente de éste pueblo tiene otra forma de pensar-le respondió Víctor- Usted tal vez no lo pueda entender.

Adrián continuaba con la cámara encendida, y todo indicaba que los dos muchachos terminarían a los puñetazos. Jacqueline, se llevó a la madre de Víctor al cuarto, que angustiada apretaba un pañuelo contra su boca.

 -¡Fuera!-exigió el profesor, y con un brusco ademán apagó el grabador y se lo entregó a Florián.

 El cineasta no buscaba seguir exasperándolo y con ayuda de su tío, juntó rápidamente todo su equipo. En pocos minutos subieron al auto de Florián y se marcharon.


 Continuará...



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4 comentarios:

Ina Salinas dijo...

Linda noche Adriana,magnifica tu novela,donde encuentro la continuacion,esta super interesante!!!!!

Ina Salinas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
MENTE IMPERFECTA dijo...

Muchas gracias por leer mi novela, poco a poco, iré publicando las continuaciones avisaré en facebook cada vez que hay capitulo nuevo

Ina Salinas dijo...

Gracias esperare por el proximo capitulo