domingo, 6 de julio de 2014

SOY INOCENTE ( cuento)



SOY INOCENTE


El crimen sucedió a primeras horas de la tarde. La policía de Paris fue notificada de inmediato. Los sirvientes de la Condesa Adelise se habían encargado de reportar el hecho. La mansión enseguida estuvo rodeada de varios curiosos. Una verdadera incomodidad para el inspector encargado de la investigación. El funcionario sabe perfectamente que tiene la obligación de mantener el suceso casi en secreto. Tarea imposible. Pronto llegarán los que se hacen llamar periodistas, pero sólo se interesan en los escándalos. La victima pertenece a la aristocracia, como buenos morbosos inventaran todo lo que puedan si se les permite. La verdad no vende tanto como las mentiras.
Los oficiales empujan a los vecinos e ingresan rápidamente a la vivienda. La principal testigo es Enriette, la dama de compañía de la condesa. La condesa Adelise vivía en  su mansión junto a cinco empleados que eran parte de la servidumbre.  Se dedicaba, como toda heredera rica y soltera, a frecuentar  recepciones culturales y asistir a fiestas nocturnas ofrecidas por miembros de la aristocracia, en el caso de la Condesa, a muchas fiestas. Sumamente conocida por su belleza y simpatía hacia suspirar a más de un joven parisiense pero, estaba comprometida con un archiduque alemán.
El inspector escucha con atención, la lectura de las anotaciones de los testimonios realizadas por un sargento. Enseguida se dispone a subir las escaleras rumbo al cuarto de estudio, donde permanece todavía el cuerpo de la mujer y...el asesino.
Según la empleada,  pasado el mediodía, un apuesto joven se presentó trayendo libros y flores para la condesa. Ella lo hizo pasar. Juntos subieron al estudio y un rato después, cuando Enriette subió para entregar a su señora una carta, encontró a su ama en el piso bañada en sangre. El asesino, fue encerrado en el salón por el mayordomo, que subió enseguida al escuchar los gritos de la empleada.
La policía abre bruscamente la puerta, tres agentes ingresan apuntando con sus armas y ordenando la rendición. Efectivamente en el cuarto, un joven de unos veinte años permanece de pie junto a la ventana ,  se da media vuelta y los observa con la mirada serena. Nada parece haber alterado la pulcritud de su persona. No presenta resistencia y rápidamente es esposado.
La Condesa se encuentra sobre la alfombra; su corsé está suelto, sus pechos se asoman entre puntillas y desde su vientre surge la sangre que mancha de rojo sus enaguas.
El victimario es custodiado por dos policías, al cruzar la puerta se dirige hacia el inspector y le dice:

-Buenas tardes, ¿me permite pasar?

Se lo llevan a la jefatura, ahí será interrogado. Porque falta algo importante en el cuarto: El arma homicida.
El médico forense indica que ha sido un arma blanca, un objeto punzante. Fue apuñalada de frente, el objeto entró por el abdomen, atravesándola y quitándole la vida en segundos. En su espalda se ve el orificio de salida.Varias horas, la policía, revisa minuciosamente el lugar del crimen, pero nada ni pista del arma. Se ordena que otros oficiales se queden revisando las demás habitaciones y los jardines.
La carta que llevaba Enriette , la sirvienta, pertenecía al prometido de la Condesa, y el primer paso será informarle de la tragedia.
En la jefatura, el inspector, se dispone al interrogatorio del asesino. Y de  pronto acude  a su oficina un sargento que le dice con la respiración entrecortada:

- Créame, señor...¡ usted nunca imaginará lo qué atrapamos!

El inspector se dirige al sector de las celdas, y es recibido por estrepitosas carcajadas.
Frente a sus ojos está totalmente desnudo el joven pero, no es un humano. Pretende ser la imitación de un humano, o de un hombre; para ser un hombre le falta la parte que definiría su sexo y esto ha causado la risa de los policías y los otros presos.
El inspector se acerca, porque no está seguro de lo que ve y el joven le dice con serenidad:

-Le agradezco el placer de su compañía.

Varios segundos necesita el representante de la ley para reaccionar. El cuerpo que tiene enfrente es articulado, y se ven las partes que permiten la movilidad. En su espalda hay una especie de tapa, al abrirla se observan varios engranajes y tuercas. Es una  pieza de ingeniería. Está recubierto por una piel muy similar a la humana casi no hay diferencia al tacto, hasta los ojos parecen humanos.
Interrogantes y reflexiones se entrecruzan en la mente del inspector. Tiene al asesino, pero será el hazmerreír de toda la ciudad cuando sepan que mantiene encarcelado, a un muñeco.
Contrariado por lo que representa para su carrera, sentencia:

- ¡Llévenlo a una celda aislada y qué nadie tenga contacto con él!

El inspector da vueltas en su oficina, aunque se trate de un juguete mecánico se debe ejercer un castigo a su perversidad, y a quién sea el responsable de que se haya presentado en la casa de la Condesa. Pero sin el arma homicida, no hay forma de acusarlo. Necesita respuestas.
La impaciencia hace que él mismo trate varias veces, de hablar con el autómata. Y sólo consigue desesperarse más cuando, el joven, después de un rato en silencio siempre da por respuesta a todas sus preguntas con una simple frase:
-No olvidaré nunca éste momento.

O con la siguiente:
-Le agradezco el placer de su compañía.

Durante dos días en la jefatura, el inspector va y viene respirando furia por todos los poros. El arma sigue sin aparecer. No hay forma de reunir los elementos que aclaren el homicidio. Y finalmente llega el alivio para el oficial de policía. Consiste en una carta del archiduque alemán.
 Explica que ante el dramático hecho su dolor es doble, no solo ha perdido a la mujer que amaba también, ha podido verificar que le era infiel.
Adelise era su legítima prometida. El archiduque estaba muy enamorado, pero no era tonto, deseaba una esposa bonita mas la belleza de la difunta era muy conocida en la vida nocturna de Paris. Adelise estaba colmada de sensualidad y lujuria.
¿Cómo podía estar seguro que le seria fiel en el matrimonio?
 Con una pequeña trampa.

Encargó a un juguetero , experto en autómatas, la creación más perfecta que pudiese realizar. El aspecto exterior debía ser el de un hombre joven, elegante y bastante guapo. Que pudiera caminar, sentarse en una reunión, decir algunas frases de cortesía  y que nadie notase que no era humano.
La pequeña trampa consistía en un estilete escondido en el brazo derecho. Se activaba cuando le besaban los labios; al contacto con la boca se impulsaba hacia afuera, desde el antebrazo, un puñal de unos cuarenta centímetros de largo. Era el único movimiento violento de éste hombre artificial. Adelise tuvo que abrazarlo y besarlo, para ser victima de la estocada.

Al pie de la carta, el archiduque aseguraba que su abogado se ocuparía de cualquier litigio que se presentara en su contra. El aristócrata dejaba claro que jamás regresaría a Francia  y además, a su favor, él mismo temiendo el posible daño de su amada había enviado una carta , advirtiéndole del juguete macabro que se presentaría en su casa. Carta que la empleada demoró en entregar.
Era el caso de homicidio más extraño que se le hubiese presentado al inspector, en todos sus años de servicio a la ciudad de París. Y fue el peor dilema para el juez, porque en cierta forma la misma Adelise era responsable de su muerte. El más alto representante de la Iglesia de la ciudad  quiso ver en persona, al muñeco asesino. Cuando lo tuvo enfrente lo miró en silencio,cómo buscando al demonio en su interior y  luego exclamó:  - ¡¿Qué genio maligno te ha creado?!
Y casi sin respirar, continuó en tono declamatorio -¡Quién puede intentar emular a Dios!
 El autómata se acercó al sacerdote diciendo:

-Buenas tardes, ¿me permite pasar?

Luego siguió caminando por el pasillo hasta su celda secundado por el rechinar de sus engranajes.
El Obispo de la ciudad le recomendó al Juez enviar a la hoguera a semejante abominación.  Su eminencia le había dejado en claro al magistrado que el homicida, no era un ser humano; era un objeto que se movía por voluntad del diablo, y por lo tanto se debía proceder a su destrucción.

Cuando estuvo frente al juez el muñeco repitió las mismas tres frases, que todos conocían. Se dispuso su inmediata destrucción. La sociedad científica no debía saber nada sobre su existencia, de seguro impedirían su ejecución, por esta razón, se realizó sin demoras al día siguiente. Fue tratado como un individuo peligroso e incluso se le dio un nombre para los registros: Pierre Deraux.
Pierre se presentó usando su elegante traje, para ser quemado. Cuando pasó junto al inspector de policía exclamó:
-Buenas Tardes, ¿me permite pasar?

Cuando pasó  junto al Juez le dijo:
-Le agradezco el placer de su compañía.

 Cuando estuvo junto al verdugo que encendería la fogata dijo:
-No olvidaré nunca éste momento.

Todos los testigos que asistieron a la ejecución tampoco pudieron olvidar las últimas palabras del autómata, cuando ya el fuego había derretido toda su piel y quedó al descubierto su esqueleto metálico.

-Soy inocente.


FIN



Autor: MenteImperfecta ©  (Adriana Cloudy)







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