lunes, 21 de marzo de 2016

Capitulo 7 Mensajes para un gran amor (segunda parte)

CAPITULO VII
TIEMPO PERDIDO
(segunda parte)




Adrián abrió los ojos. Sentía su rostro mojado. Cuando su vista se aclaró vio que inclinada sobre él, lo miraba con cara de preocupada una jovencita de cabello muy corto.

-¿Cómo se siente?, ¿le duele algo?, ¿puede levantarse?- quiso saber la muchacha.

- Si, mi cabeza ¿no se nota que alguno me golpeó?-Adrián se sentó con gran esfuerzo frotando con la mano izquierda su nuca.

- Fui yo. No quise lastimarlo- confesó la atacante.

-¡Está loca qué le pasa! Encima me dice que no quiso lastimarme. ¡Si me golpeaste mujer!

- ¡Por su culpa! ¿Por qué estaba fotografiando la mansión? Así escondido… sin permiso ¡No tiene usted respeto por la intimidad de las personas!

- ¿¡Respeto!? Lo dice alguien que ataca por la espalda sin antes saber de qué se trata.

- ¡Usted es un metido! ¡Qué anda buscando problemas en este pueblo!

-¡Usted es la metida! Yo realizo un trabajo de investigación ¡Ya me acordé dónde la vi antes!-dijo Adrián indignado señalándola con un dedo.

- ¡En la casa del profesor loco!

- Sepa que habla de mi novio-dijo ofendida Jacqueline.

- ¡Entonces su novio, la mando a vigilarme y a pegarme!- protestó el damnificado señalando nuevamente con un dedo extendido a la chica.

- ¡No diga pavadas! ¡Yo le pegué para que no sacara más fotos!

-¡Mi cámara! si se rompió... ¡Alguien la tendrá que pagar! ¡Usted o el loco de su novio!

Adrián revisó su cámara. En un ademán rápido enfocó a la muchacha y le sacó una foto.

- Ahora ya tengo la imagen de mi agresora. Si me muero esto será una prueba de la culpable. ¿Cómo se llama?

- No creo que le pase nada grave- respondió ella adoptando una actitud desafiante.-Soy Jacqueline Brunel, y debe saber que soy una buena amiga de la dueña de la mansión y voy a informar a doña Ester, de sus acciones. No puede estar fotografiando la casa sin su autorización.

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Adrián se mordió los labios. Eso sería peor que el golpe en la cabeza. Poner sobre aviso a los miembros de la familia de Dalila. Podrían denunciarlo por perturbar su intimidad e indagar sin un respaldo policial. Acercarse tanto a la mansión había sido mala idea.

-Por favor, Jacqueline. No haga semejante cosa...Yo no podría terminar mi documental.  Se arruinaría mi carrera de director de cine. Este trabajo es mi tesis final.- le explicó con un tono  suplicante.

-¿Es un estudiante de cine? ¿Por qué se interesa en la familia Molinari?

-La familia completa no. Solo un miembro de ella, Dalila desapareció cuando tenía diecisiete años. Nadie se preocupó en averiguar que le sucedió ¡se evaporó del pueblo!

-Mi novio dice, que ese misterio es un invento de la chusma del pueblo. Nunca existió Dalila- replicó Jacqueline.


En realidad dudaba de lo dicho por Víctor, y  tampoco confiaba en el documentalista. Ella presentía, que antes en un pueblito podían esconderse acontecimientos muy graves, con tal de mantener la apariencia de una comunidad tranquila. Y San Onofre tenia cualidades perfectas para enterrar el pasado.

-Si existió Dalila…Yo quiero saber ¿Cuál fue su destino?- explicó Adrián, intentando que Jacqueline comprendiera su trabajo.

-Entonces ¿Por qué no habla con doña Ester?-le sugirió.

-No puedo hacer eso. Primero le prometí a mi tío que no importunaría a esa mujer. Segundo me haría más difícil las cosas. Imaginé que si escondieron su paradero, por algo será.

-Doña Ester es muy buena. Es una señora mayor. No le haría mal a nadie.

-Ella será muy buena. Pero quién está involucrado en el asunto es su padre Don Benito y busco terminar  o confirmar  los rumores de qué tal vez fue asesinada-argumentó el joven

Estas palabras eran una simple expresión de las sospechas de Adrián. No tenia prueba de lo que decía. La visita al periódico local había resultado una espina que le punzaba indicando que se concentrara en las actividades realizadas por ese hombre: Benito un accionista del diario,  involucrado en el bienestar del pueblo. Un terrateniente dueño de todo el lugar, un hombre con poder para hacer y deshacer.

-¡Por Dios! ¡No me diga que el padre de Ester es culpable de un asesinato!-exclamó, Jacqueline.

-Todavía no tengo pistas concretas Jacqueline, y además podría resultar que aún esté viva. Apenas realicé un par de entrevistas a gente que conoció a Dalila-le aclaró el joven y agregó con un tono irónico-A pesar de mi horrible dolor de cabeza gracias a su golpe. Tengo que ir ésta misma tarde, hasta la casa de alguien, que también es amiga de la familia Molinari.

-¿Con quién hablará?-La joven no podía esconder su curiosidad.

-No puedo exponer a mis fuentes. Todo es confidencial por ahora- le dijo seriamente mientras subía al automóvil para marcharse.

-Bueno lo entiendo. Pero... al menos dígame ¿quién era esa tal Dalila que desapareció de San Onofre?- rogó Jacqueline intrigada.

-La hermana menor de Ester Molinari-fue la seca respuesta de Adrián.

Puso la llave y encendió su auto y sin otro comentario, ni un adiós, se retiró por el ancho camino de tierra.  
     
Jacqueline, tragó saliva con dificultad. Un remolino en el estómago y unas ligeras náuseas le indicaron que mejor ese día cancelara la visita.Se quedó sintiéndose desolada en la entrada de la mansión. Con su cara en blanco. No imaginaba que la supuesta desaparecida fuese alguien tan cercano a  doña Ester.
 Durante los pocos meses de amistad que ambas compartían, en todas las conversaciones, Ester  le hablaba sobre su niñez en la mansión y su vida en el pueblo. Eran unos recuerdos llenos de alegría. Orgullosa, le había relatado sobre su época de estudiante en Francia, el único periodo que Ester permaneció alejada del pueblo. No obstante, Jacqueline  conocía ciertos aspectos tristes en la vida de la solitaria dama: como la prematura muerte de la madre de la anciana. Se había vuelto loca cuando ella era pequeña y murió en un asilo. Claro, había notado que no hablaba demasiado acerca de otras personas: amigos o parientes. Jacqueline consideraba que la mujer era  muy reservada sobre ese tema personal. Excepto, con los recuerdos de su primer amor los que evocaba con una dulce melancolía. También le parecía rara la devota admiración que aún profesaba por su padre. 
Ahora, la muchacha sentía que una inquietante sombra vivía entre la familia Molinari.
 ¿Una hermana menor? Muerta...asesinada. Sin justicia.

 Posiblemente atormentada por este motivo, por ese siniestro episodio, la pobre Ester estuvo obligada a pasar toda su vida detrás de los muros de su enorme casa ¿Era tarde para descubrir la verdad?
¿Por qué no había recuerdos de Dalila en la casa? No se encontraba nada a la vista en la mansión. Su nombre se convirtió en el fantasma del pueblo. La imaginación de Jacqueline corría como un caballo desbocado.
Estaba el libro que su novio escribía sobre don Benito. Víctor podía averiguar si Dalila había realmente existido. Si el padre de Ester tenía alguna responsabilidad, como suponía Adrián, con el enigma acerca de su destino. 
 ¿Ocultaría la anciana un acontecimiento tan grave que involucraba a su progenitor? Ester por supuesto que lo haría: El prestigio de su padre lo era todo para ella.
 La biografía de don Benito continuaría con su imagen inmaculada de benevolente caballero. Víctor le había adelantado de que trataría el libro. La vida de un hombre que hizo crecer al pueblo: fundador del diario local; gran colaborador en importantes obras para la comunidad, desde la construcción de la única escuela hasta el convento,en San Onofre, se lo debían todo a Benito incluso la estación de tren .
Si el tiempo consiguió ocultar los hechos de la desaparición de Dalila. Las investigaciones de Víctor o las de Adrián serian en vano.

La verdad sobre Ester y una hermana muerta no estarían en esa historia.  



Continuará...

1 comentario:

Ina Salinas dijo...

Linda y bendecida noche Adriana,esta fue la ultima actualización de la historia,cuando publicadas el resto?