jueves, 31 de marzo de 2016

CAPITULO 7 ( tercera parte)

Mensajes para un gran amor

CAPITULO VII
TIEMPO PERDIDO
(tercera parte)





Víctor cerró el puesto de flores a las cinco en punto de la tarde. No quería quedarse ni un solo minuto más. El estúpido sobrino de Florián Di Marco podía llevarle la delantera y en cualquier momento un escándalo caería como un alud sepultando sus planes. Si el tipejo necesitaba nuevas cámaras de fotos posiblemente ya había descubierto algo importante. Mientras él, se la pasaba leyendo unas cartas de amor enviadas cincuenta años atrás. Tenia que saber cuales eran los datos conseguidos por Adrián hasta ahora.

El entrometido seguía centrado en Dalila Molinari. Sobre ella, Víctor tenía una versión propia acerca de su destino: había escapado de su casa junto con la hija de la niñera ¿Por qué se ocultaba tan celosamente en el pueblo dicha huida? Muy simple: ser lesbiana no era bien visto en esa época.  Su familia y sobre todo su hermana Ester decidieron esconder cualquier cosa relacionada con la descarada. Hasta la comunidad se comportaba como si Dalila nunca hubiese existido. Era una vergüenza colectiva.
Pero este evento indecoroso resultaba bastante complicado de probar y por eso Víctor no podía ponerlo en el libro que escribía. Además al profesor, solamente le interesaba la vida personal de Ester y Benito y necesitaba más tiempo para encontrar lo que buscaba.



 Una ventaja tenia  el profesor de historia sobre Adrián, ser un ciudadano local. Beatriz, la secretaria del diario, cuando fue en busca de unos helechos que la había encargado, le contó vivazmente acerca de la visita recibida esa mañana en las oficinas del periódico. Víctor , fingiendo que estaba interesado en ayudar al documentalista, comentó que era una buena oportunidad para destacar el servicio que brindaba el medio gráfico a la comunidad y se tranquilizó, al saber que Beatriz no le había dado más que información rutinaria. Víctor decidió hacer lo mismo. Recolectar datos sobre los primeros dos años de funcionamiento del diario local. Y sabía que  Beatriz le facilitaría el trabajo. La suerte acompañaba a Víctor.
La tarde la dedicó a revisar el período durante el cual Benito participaba en la dirección del mismo.
En el listado de la editorial figuraba un nombre conocido. Y a ese nombre por fin pudo darle un rostro. Al ver las fotos del primer número del diario, Víctor Valente sonrió. En la sección de sociales se destacaba una pareja: La foto de Ester Molinari recibiendo un ramo de rosas de los brazos de Lucio Bravo; al pie de la foto se describía que aquellas flores representaban un afectuoso saludo, de parte de los trabajadores del periódico, al cumplir sus dieciocho años.

-Este hombre, ¿hasta cuando trabajo para el diario?- preguntó Víctor a Beatriz.

-Fue el columnista de la sección de economía durante casi dos años-explicó ella.

-¿Cuando se retiró don Benito, también lo hizo él?

- Así parece-  respondió la secretaria-Mi papá lo conoció. Lucio Bravo tenía muchos contactos en el exterior, parecía que a pesar de ser un hombre de mundo le gustaba vivir en el pueblo. Sin embargo se fue al año siguiente de esa fotografía. Dicen que discutió con don Benito por unos contratos con extranjeros, de un día para el otro, dejó todo y ya no volvió a San Onofre- exclamó la empleada mirando la foto.

 - ¿Nunca regresó al pueblo?- consultó Víctor tratando de no demostrar un gran interés.

- No, cuando se marchó ni siquiera pasó por el diario a pesar de que era muy amigo de doña Alba y su marido. La gente no se despide de lugares como el nuestro, solamente los que nacemos aquí lo apreciamos.

-¿Y no estaba casado?

-Provocaba revuelo entre las mujeres, pero él seguía soltero-declaró suspirando sin reservas, la secretaria-¿sabe quién lloró bastante por él?-agregó Beatriz con tono malicioso- doña Ester. Parece que se había enamorado…era un niña pero se comentaba que ella lo celaba. De esos enamoramientos que tenemos las mujeres cuando somos jóvenes. Era lindo don Lucio, con esa ropa antigua igual se nota que fue un hombre muy guapo y con esos ojazos azules habrá enamorado a varias.

El profesor reparó en la cara feliz de los dos amantes.Se burlaban de todo el pueblo incluido don Benito Molinari.



Víctor se despidió  de la empleada, ya se había demorado suficiente y su novia de seguro lo estaría esperando. Cuando llegó,  halló a su novia bastante alterada. Jacqueline que pecaba de honesta le contó enseguida su encuentro con Adrián.

-Estaba estaba escondido sacando fotos de la mansión- le informó. Omitió hablar sobre el golpe que le dio en la cabeza.

Víctor no quería que doña Ester  se enterara, por ahora, que rondaban su casa. No había necesidad de preocupar a la anciana.  Aunque la joven estaba impresionada con la posibilidad de un crimen sin resolver, le advirtió  su novio  que lo mejor sería mantener silencio. Jacqueline estuvo de acuerdo en esperar y primero averiguar que se proponía el director de cine.

-¿Quién será la persona que puede darle datos sobre Dalila?-comentó Víctor a su novia.

Doña Ethel escuchó la conversación desde la cocina y tímidamente le preguntó a su hijo:

-¿Todavía... sigues enojado con ese muchacho, Víctor?

-¡Mamá, cómo no estarlo con gente que viene de afuera y si ningún reparo se mete en cualquier casa! No lo disculpa el pretexto de que filma un supuesto documental- replicó el hijo.

-Algunos van a sentirse felices de participar-dijo con un tono burlón la madre.

-¿Cómo lo estaba usted, mamá?-dijo suspirando, el joven profesor.

-Bueno... habrá gente ¡Más feliz que yo! -declaró con gracia doña Ethel.- Tu tía, por ejemplo...

-¿La tía Ofelia?

 Víctor, jamás pensaba en esa arrogante mujer. Prácticamente ni la conocía. Tenía una pequeña fortuna. Sus vinos eran buenos. Pero no sabía nada más de ella.

- ¿De qué puede hablar con la tía? Esa mujer tiene un universo propio-exclamó con ironía. Con una mueca de su cara dio a entender, a Jacqueline, que su tía era un personaje excéntrico.

- Es rara  cierto ¡Y era la mejor amiga de Ester Molinari!-exclamó triunfante doña Ethel.

Víctor comprendió que en este juego los naipes estaban saliendo a favor de Adrián. No tardaría mucho en averiguar que la familia Valente estaba relacionada con los Molinari. Ofelia podía contar asuntos familiares bastantes íntimos. Podía hablarle del suicidio de su abuelo y de cómo ella y su hermano, el padre de Víctor terminaron en la calle. La conversación de su tía con Adrián amenazaba con resultar verdaderamente perjudicial para Víctor.



Continuará.

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