domingo, 13 de marzo de 2016

El futuro de nuestra relación (cuento breve)



El futuro de nuestra relación


Ella estaba feliz de poder contarle, a cada una de sus amigas, que ya cumplía un año de noviazgo. Morina se sentía muy capaz de poder superar el récord de su pareja, porque la relación previa de su novio había durado unos quince meses.
En realidad Morina esperaba ser la última mujer en la vida de Augusto, si bien no tenían planes de casamiento, no significaba que la relación fuese a terminar algún día.
Aseguraba a todos que ellos dos eran el uno para el otro. Y estarían juntos por siempre.
Por supuesto que ella no desconocía que el tiempo suele devorar al amor; son sus dientes la rutina y el conformismo, ambos surgen sin poder evitarlo, masticando la pasión a diario y sabemos que nada dura sin pasión.
Ese fuego pasional fue fácil de mantener por doce meses, por eso la duda perseguía su mente últimamente: Solía preguntarse si había una forma de prevenir la caída del amor, o la aparición de un tercero que los separara.
¿Se podría mantener  esa pasión inicial durante doce años, veinte años o toda una vida?

Una amiga le sugirió buscar la respuesta con una sesión de Tarot. Las cartas podían anticipar alguna dificultad o si existía una energía negativa cerca de ellos. Morina aceptó, sin embargo, no se conformó con una simple leída de naipes, dónde le sugirieron confiar en el amor que ambos se tenían. Encontró una forma mejor…
Un hechizo que permitía ver el futuro y era bastante sencillo de realizar. Uniendo cabellos de los dos y sumando unos ingredientes culinarios preparó una infusión amarga en la cual sumergió sus nombres escritos en un papel. Dejó reposar la mezcla en una taza cubierta por un paño durante toda la noche en medio de dos velas rojas encendidas.
A la mañana siguiente apenas despertó se bebió el líquido que estaba muy frío y tenía un fuerte sabor a vinagre.
¡¿Por qué quiero hacer una cosa tan estúpida?! , pensaba mientras corría al baño para enjuagarse la boca.
Pero no la habían engañado, porque el brebaje además de ser de un horrible sabor, daba resultado.
Esa noche soñó con el futuro. Se vio viviendo en la misma casa con su novio, divirtiéndose juntos acomodando muebles nuevos; también vio la aparición de las cuentas por pagar: tarjetas de crédito, boletas de luz y gas, todas vencidas y vio a su padre prestándole dinero para pagarlas.
En el sueño también aparecían varios de los amigos de Agusto, su novio se reía junto con ellos, mientras cenaban en la casa. Al llegar Morina fatigada del trabajo todos se marchaban, incluido su ahora: señor esposo, y se quedaba sola juntando el tiradero de la reunión.
La peor parte fue cuando acudía angustiada a realizarse un aborto.

-Un pésimo sueño influenciado por mis nervios- se dijo a si misma al despertar.

La noche siguiente tuvo otro sueño igual de desagradable. Esta vez, Augusto le gritaba y le daba puñetazos a la pared, sacaba sus vestidos del placard y arrojaba su ropa por la ventana. Sin alcanzarle esto, sacudía a Morina tomándola por los hombros y la empujaba. Ella se negaba a salir de la casa y él le tiraba del cabello arrastrándola fuera del departamento.
Se despertó reteniendo un grito.



Decidió hablar con sus amigas acerca de los sueños que le estaba provocando el hechizo.

-No te amargues por una pesadilla. No puedes creer que un brebaje pueda enseñar el futuro.
Le afirmó una de ellas.

- Si pelearas con Augusto y terminaras con él ¡Qué importa!, habrá otro chico al que le gustes y tendrás un nuevo novio-le dijo otra, convencida de que a Morina le faltaba mucha experiencia con los hombres.

- ¡No! Él es mío, me pertenece y siempre seremos felices. Somos el uno para el otro. Me siento cómoda con él, lo quiero y no lo dejaré nunca ¡Y puedo asegurarte que él nunca me dejará a mí!

 Siendo Morina bien conocida por sus amigas, sabían lo difícil que podía ser intentar que cambie de opinión, si ellas seguían sugiriendo que exageraba con el asunto sólo conseguirían enojarla.
Sus amistades eran de su agrado cuando coincidían con ella; contradecirla era ganarse su fría indiferencia.
La solución a sus pesares estaba en hablar del brebaje a su novio e insistir para beber una nueva preparación, esta vez, los dos juntos.
El pobre Augusto acostumbrado a complacerla protestó sin éxito en primera instancia y esa noche él también bebía la asquerosa infusión. Morina evitó argumentar  que se trataba de un embrujo, le inventó que la mezcolanza mostraba en los sueños aquellas  personas que le deseaban algún mal o le tenían envidia.
El resultado fue desconcertante para la enamorada, Augusto había dormido como un bebé.

- ¿Soy yo quién padece éstas pesadillas? ¿Por qué soy la única victima? ¡No permitiré que nuestro amor se acabe!- se decía interiormente- No importa lo que suceda; jamás nos separemos.

¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!

Los días y noches pasaban, y las pesadillas continuaban. Hasta que una mañana entendió todo.
El sueño anunciaba desenlaces horribles con su pareja porque era ahora, en su presente, cuando ella debía asegurarse el amor eterno.
Llamó por teléfono a Augusto y lo invitó a almorzar. Toda la mañana preparó el almuerzo perfecto, que incluía el postre favorito de su novio: unas suculentas frutillas con crema.
Les pidió a sus padres que los dejaran solos. La madre para obtener sin problemas el permiso paternal le dijo a su marido con picardía:
-La niña ya quiere casarse, vas a ver que lo convence de formalizar  y pronto tendremos boda.

Sin la familia de la novia en la casa, los enamorados almorzaron tranquilamente.

– ¿Es algún aniversario que olvidé?- comentó sonriendo el novio.

-Mi amor, te quiero mucho. Eres el único al que amo, ¿me perteneces verdad?

- ¡Qué rudo y tierno a la vez suena eso!- se rió divertido Augusto- Te quiero mucho, yo soy tuyo y tú eres mía.

-¡Y será para siempre!- declaró Morina-los dos seremos recordados como la pareja perfecta. Amándonos para siempre.

En un veloz ademán tomó un fino cuchillo y abrió la garganta de su novio de izquierda a derecha. El chico automáticamente sujetó su cuello con ambas manos, despedía borbotones de sangre que caían como una cascada sobre su pecho.

Ya no habría dudas ni temores entre los dos, ni oportunidad de conocer a otras personas que pudiesen separarlos.
Acto seguido Morina levantaba la cabeza y en forma brutal se cortaba su propio cuello.
Ese amor seria eterno.

Es una pena que la mente del ser humano jamás recuerda en su totalidad un sueño, conserva por razones desconocidas sólo ciertas partes, generalmente aquellas que le producen más angustia.
Si Morina recordaba el sueño completo hubiese visto que en realidad a futuro, era ella la que lo engañaba y deseaba dejar a Augusto, y no sabía cómo deshacerse de él.




 FIN




Autor MenteImperfecta © ( Adriana Cloudy)
Marzo 2014 Argentina

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