sábado, 13 de noviembre de 2021

Festival de lectura y cine 2021 en La Rioja

 


Festival de literatura y cine fantástico y terror

Edición 2021

 

             A principios de este año no estaba muy segura de cuales actividades se podrían realizar, por suerte, la pandemia no impidió que organizara un encuentro con lectores y fans del terror. La fecha elegida fue la habitual: la última semana de Octubre. En el mes del Halloween volvimos a hablar de escritores y de directores de cine. En especial, de producciones realizadas por nuestros creativos. Y si algo quedó bien claro, es que los más pequeñines saben diferenciar sin problemas la ficción de realidad, mejor que cualquier adulto. Será porque con los años perdemos la habilidad de jugar  y sin esa parte lúdica en la vida, es muy dificil entender las cosas importantes, por ejemplo, que no pueden tenerle miedo al Halloween cuando el planeta está reclamando atención en circunstancias muy graves y urgentes. Creo que en ese punto debo culpar a las redes sociales;  le están dando voz a tantas personas que viven sin ganas de aprender y de evolucionar culturalmente que  se está convirtiendo en un espacio cada día más nocivo. Sacando  esas incomodidades que se repiten todos los años, el festival fue un encuentro realmente muy agradable.



La duración del evento de este año, por cuestiones de protocolo, se limitó a dos días. No obstante la propuesta se dividió tanto en presencial como virtual, dado que desde el blog Plegarias en la noche se ofreció una lectura conjunta.



El primer día fue el viernes 29 de Octubre y cerramos el 31 de Octubre con una función especial de cine. La ciudad de La Rioja cuenta con una sala de cine nacional que nos permitió disfrutar del filme “ Matar al dragón” una historia dentro del fantasy y terror inspirada en los tradicionales cuentos de hadas, con toques de ciencia ficción. 


La Biblioteca Popular Mariano Moreno se vistió de libros de fantasía y terror, de escobas voladoras y caritas de fantasmas. No faltaron los zombis y vampiros.

El tema del debate y taller fue el gusto por la literatura de terror desde la infancia y la literatura de terror gótica. Gracias a un capítulo de la serie “ Había una vez” del canal Encuentro, pudimos dar a conocer el papel que juega el género en la imaginación infantil. Se presentó el trabajo de Mariano Cattaneo por medio de cortometrajes.

Hubo una modificación importante: No realizamos la lectura de cuentos en la vía pública porque se necesita compartir micrófono, y falta todavía para poder recuperar esa actividad. En la biblioteca también fue mantenida la distancia social y la apertura de puertas para brindar una seguridad requerida por la situación de pandemia.





Se compartió parte del material que este realizador audiovisual tiene en su canal de Youtube. El corto Berenice de la serie Del Amor a la muerte, que ilustran historias de E.A.Poe
Su cortos: La voz de mamá y Buenas noches.

Esto nos permitió hablar de literatura gótica y su influencia en la escritura actual.







Este evento se realizó en la ciudad capital de la provincia de La Rioja. Como siempre el escenario principal fue la biblioteca, cuyo personal nos ayudó a desarrollarlo sin inconvenientes y con la colaboración de la Dirección de Medios Audiovisuales, en el Espacio 73. Tuvo el apoyo de prensa  y difusión de parte de Tiffany administradora del blog Plegarias en la noche que fusiona parte de sus actividades con el festival de lectura. La lista de nombres de quienes hicieron posible este evento 2021 incluyen a  Diego Ocampo (director de la biblioteca popular  Mariano Moreno) Lucho Zárate (director del Espacio73) Ramón y Claudia (personal de la biblioteca) a Vanessa, una amiga que realiza artesanías y nos ofreció su arte para ambientar la sala principal de la biblioteca y a mí, porque este año también estuve ocupada con manualidades jajajaja

Y por supuesto, a quienes hacen que todo esto sea realmente genial, los que aceptaron la propuesta...como bien se dice en Drácula, ellos “pasaron y dejaron parte de su alegría”

 


 Agradezco personalmente al programa nacional Cultura Solidaria que me permitió cubrir los gastos necesarios para ejecutarlo. El programa se implementó por la pandemia dado que los gestores culturales nos quedamos sin la posibilidad de desarrollar nuestros proyectos.


 Sigue siendo un evento independiente que organizo sin contar con un presupuesto con la iniciativa de no cobrar ningún tipo de entrada o bono a quienes asisten. Un evento para todas las edades que pretende seguir creciendo y los invita a esperar el próximo festival.

#CulturaActiva

#CulturaSolidaria

#SomosCultura

#AdrianaCloudy



Nos vemos el próximo año con el Festival dedicado a la literatura y cine fantástico y de terror.



domingo, 31 de octubre de 2021

Aceite de perro (Ambrose Bierce)





Me llamo Boffer Bings. Nací de padres honestos en uno de los más humildes caminos de la vida: mi padre era fabricante de aceite de perro y mí madre poseía un pequeño estudio, a la sombra de la iglesia del pueblo, donde se ocupaba de los no deseados. En la infancia me inculcaron hábitos industriosos; no solamente ayudaba a mi padre a procurar perros para sus cubas, sino que frecuencia era empleado por mi madre para eliminar los restos de su trabajo en el estudio. Para cumplir este deber necesitaba a veces toda mi natural inteligencia, porque todos los agentes de ley de los alrededores se oponían al negocio de mi madre. No eran elegidos con el mandato de oposición, ni el asunto había sido debatido nunca políticamente: simplemente era así. La ocupación de mi padre -hacer aceite de perro- era naturalmente menos impopular, aunque los dueños de perros desaparecidos lo miraban a veces con sospechas que se reflejaban, hasta cierto punto, en mí. Mi padre tenía, como socios silenciosos, a dos de los médicos del pueblo, que rara vez escribían una receta sin agregar lo que les gustaba designar Oil Can. Es realmente la medicina más valiosa que se conoce; pero la mayoría de las personas es reacia a realizar sacrificios personales para los que sufren, y era evidente que muchos de los perros más gordos del pueblo tenían prohibido jugar conmigo, hecho que afligió mi joven sensibilidad y en una ocasión estuvo a punto de hacer de mí un pirata.

A veces, al evocar aquellos días, no puedo sino lamentar que, al conducir indirectamente a mis queridos padres a su muerte, fui el autor de desgracias que afectaron profundamente mi futuro.

Una noche, al pasar por la fábrica de aceite de mi padre con el cuerpo de un niño rumbo al estudio de mi madre, vi a un policía que parecía vigilar atentamente mis movimientos.

Joven como era, yo había aprendido que los actos de un policía, cualquiera sea su carácter aparente, son provocados por los motivos más reprensibles, y lo eludí metiéndome en la aceitería por una puerta lateral casualmente entreabierta. Cerré en seguida y quedé a solas con mi muerto. Mi padre ya se había retirado. La única luz del lugar venía de la hornalla, que ardía con un rojo rico y profundo bajo uno de los calderos, arrojando rubicundos reflejos sobre las paredes. Dentro del caldero el aceite giraba todavía en indolente ebullición y empujaba ocasionalmente a la superficie un trozo de perro.
 Me senté a esperar que el policía se fuera, el cuerpo desnudo del niño en mis rodillas, y le acaricié tiernamente el pelo corto y sedoso. ¡Ah, qué guapo era! Ya a esa temprana edad me gustaban apasionadamente los niños, y mientras miraba al querubín, casi deseaba en mi corazón de que la pequeña herida roja de su pecho -la obra de mi querida madre- no hubiese sido mortal.


    Era mi costumbre arrojar los niños al río que la naturaleza había provisto sabiamente para ese fin, pero esa noche no me atreví a salir de la aceitería por temor al agente. "Después de todo", me dije, "no puede importar mucho que lo ponga en el caldero. Mi padre nunca distinguiría los huesos de los de un cachorro, y las pocas muertes que pudiera causar el reemplazo del incomparable Oil Can por otra especie de aceite no tendrán mayor incidencia en una población que crece tan rápidamente". 
En resumen, di el primer paso en el crimen y atraje sobre mí indecibles penurias arrojando el niño al caldero.
Al día siguiente, un poco para mi sorpresa, mí padre, frotándose las manos con satisfacción, nos informó a mí y a mi madre que había obtenido un aceite de una calidad nunca vista por los médicos a quienes había llevado muestras. Agregó que no tenía conocimiento de cómo se había logrado ese resultado: los perros habían sido tratados en forma absolutamente usual, y eran de razas ordinarias. Consideré mi obligación explicarlo, y lo hice, aunque mi lengua se habría paralizado si hubiera previsto las consecuencias. Lamentando su antigua ignorancia sobre las ventaja de una fusión de sus industrias, mis padres tomaron de inmediato medidas para reparar el error. Mi madre trasladó su estudio a un ala del edificio de la fábrica y cesaron mis deberes en relación con sus negocios: ya no me necesitaban para eliminar los cuerpos de los pequeños superfluos, ni había por qué conducir perros a su destino: mi padre los desechó por completo, aunque conservaron un lugar destacado en el nombre del aceite. Tan bruscamente impulsado al ocio, se podría haber esperado naturalmente que me volviera ocioso y disoluto, pero no fue así. La sagrada influencia de mi querida madre siempre me protegió de las tentaciones que acechan a la juventud, y mi padre era diácono de la iglesia. 
¡Ay, que personas tan estimables llegaran por mi culpa a tan desgraciado fin!
Al encontrar un doble provecho para su negocio, mi madre se dedicó a él con renovada asiduidad. No se limitó a suprimir a pedido niños inoportunos: salía a las calles y a los caminos a recoger niños más crecidos y hasta aquellos adultos que podía atraer a la aceitería. Mi padre, enamorado también de la calidad superior del producto, llenaba sus cubas con celo y diligencia. En pocas palabras, la conversión de sus vecinos en aceite de perro llegó a convertirse en la única pasión de sus vidas. Una ambición absorbente y arrolladora se apoderó de sus almas y reemplazó en parte la esperanza en el Cielo que también los inspiraba.
Tan emprendedores eran ahora, que se realizó una asamblea pública en la que se aprobaron resoluciones que los censuraban severamente. Su presidente manifestó que todo nuevo ataque contra la población sería enfrentado con espíritu hostil. Mis pobres padres salieron de la reunión desanimados, con el corazón destrozado y creo que no del todo cuerdos. De cualquier manera, consideré prudente no ir con ellos a la aceitería esa noche y me fui a dormir al establo.
A eso de la medianoche, algún impulso misterioso me hizo levantar y atisbar por una ventana de la habitación del horno, donde sabía que mi padre pasaba la noche. El fuego ardía tan vivamente como si se esperara una abundante cosecha para mañana. Uno de los enormes calderos burbujeaba lentamente, con un misterioso aire contenido, como tomándose su tiempo para dejar suelta toda su energía. Mi padre no estaba acostado: había levantado en ropas de dormir y estaba haciendo un nudo en una fuerte soga. Por las miradas que echaba a la puerta del dormitorio de mi madre, deduje con sobrado acierto sus propósitos. Inmóvil y sin habla por el terror, nada pude hacer para evitar o advertir. De pronto se abrió la puerta del cuarto de mi madre, silenciosamente, y los dos, aparentemente sorprendidos, se enfrentaron. También ella estaba en ropas de noche, y tenía en la mano derecha la herramienta de su oficio, una aguja de hoja alargada. Tampoco ella había sido capaz de negarse el último lucro que le permitían la poca amistosa actitud de los vecinos y mi ausencia. Por un instante se miraron con furia a los ojos y luego saltaron juntos con ira indescriptible. Luchaban alrededor de la habitación, maldiciendo el hombre, la mujer chillando, ambos peleando como demonios, ella para herirlo con la aguja, él para ahorcarla con sus grandes manos desnudas. No sé cuánto tiempo tuve la desgracia de observar ese desagradable ejemplo de infelicidad doméstica, pero por fin, después de un forcejeo particularmente vigoroso, los combatientes se separaron repentinamente.
El pecho de mi padre y el arma de mi madre mostraban pruebas de contacto. Por un momento se contemplaron con hostilidad, luego, mi pobre padre, malherido, sintiendo la
mano de la muerte, avanzó, tomó a mi querida madre en los brazos desdeñando su resistencia, la arrastró junto al caldero hirviente, reunió todas sus últimas energías ¡y saltó adentro con ella! En un instante ambos desaparecieron, sumando su aceite al de la comisión de ciudadanos que había traído el día anterior la invitación para la asamblea pública.
Convencido de que estos infortunados acontecimientos me cerraban todas las vías hacia una carrera honorable en ese pueblo, me trasladé a la famosa ciudad de Otumwee, donde se han escrito estas memorias, con el corazón lleno de remordimiento por el acto de insensatez que provocó un desastre comercial tan terrible.


FIN

QUÉ TENGAN UN FELIZ HALLOWEEN 2021




sábado, 30 de octubre de 2021

Hammer Productions la reina del terror británico

Si en el presente disfrutamos de tantas películas de terror es porque hubo un día donde alguien pensó que sería buena idea gastarse los ahorros en una historia de miedo. Hacer cine era un riesgo económico tanto ahora como en sus inicios. Pero en el caso de esta productora podríamos decir que se salvaron de la muerte gracias al miedo. Se convirtieron en la leyenda del horror gracias a su larga lista de películas.

Hammer Productions es una compañía cinematográfica inglesa fundada por Sir James  Carreras en 1934, célebre por la realización de filmes de terror gótico. La participación de actores como Peter Cushing, Bela Lugosi y Christopher Lee la convirtieron en la favorita entre los fans de este género del cine.


 

 Su época de esplendor se sitúa en la década de 1960 parte de su éxito mundial se debió a la colaboración de Warner Brothers, no solo por distribución en salas de cine sino porque luego muchas llegaron a la televisión para deleite de niños y adolescente macabros como yo. Aquel cartel, al comienzo de un filme, donde se leía Hammer Productions era algo para celebrar en mi infancia. Sobre cualquier cosa adoraba las peliculas de terror, en especial las de vampiros. Fue en vampiros donde más se destacó la industria Hammer. Le sacó el jugo a la obra de Bram Stoker. Realizó adaptaciones tan libres que convirtieron a Drácula en la figura emblemática de su productora. Además, el terror británico gótico se convirtió en un género con estilo propio. Lo mismo sucedió con la obra de Mary Shelley, hubo diversas versiones donde el rol de monstruo mutaba. Hay una que establece al doctor como un ser malvado dispuesto a lastimar a cualquiera por su experimento. La productora tenía guiones simples pero efectivos y creo que la parte visual aseguraba el éxito. Muchas veces utilizaba escenarios naturales donde reinaban castillos reales.  


Otra cosa para destacar fueron los posters/afiches publicitarios tanto para terror como para ciencia ficción  el diseño que constaba de letras llamativas y figuras de mujeres gritando te hacía imposible olvidarte del próximo estreno.Una época para el cine donde todo se hacía artesanalmente, donde el cine ya era una industria competitiva que generaba dinero, esto obligaba a los productores estar  siempre pensando en el espectador y sus gustos. Un gran esfuerzo para los actores que realmente ponían el cuerpo, muchas veces usando maquillajes en las caracterizaciones que les provocaba dolor como en el caso de los incómodos lentes que usaba en Drácula cuando se encolerizaba.

“A principios de los 70 las producciones Hammer entrarían en decadencia, el nuevo cine de terror europeo que llegaba de España, Alemania e Italia principalmente le comía el terreno en las salas y la productora aumentó el componente erótico a sus nuevos films en un intento en vano de conservar la supremacía de la taquilla. De esta etapa fantaterror-erótica nos quedamos con El circo de los vampiros (Robert Young, 1972) y la trilogía sobre la novela Carmilla de Sheridan Le Fanu: Las amantes del vampiro (Roy Ward Baker, 1970), Lujuria para un vampiro (Jimmy Sangster, 1971) y Drácula y las mellizas (John Hough, 1971).

Sin duda los productores James Carreras y Anthony Hinds, el guionista Jimmy Sangster, el compositor James Bernard, el director Terence Fisher y la pareja Peter Cushing&Christopher Lee son los nombres propios que sustentaron el éxito de la época dorada de la Hammer.”


Hoy sigue siendo un éxito aquel terror clásico como se percibe en Youtube. No puedes armar una maratón de películas para Halloween sin un par de filmes en blanco y negro y alguna otra que recuerden los padres, porque tampoco faltará bastante loca de terror de los 80. 

Te aseguro que las palomitas de maíz se inventaron solo para ver estas películas de terror.

Actualmente esta productora sigue haciendo cine de terror, fue responsable de la versión americana de Déjame entrar y de la excelente primera película

 LA DAMA DE NEGRO.

 

Títulos que no te puedes perder: DRÁCULA, PRINCIPE DE LAS TINIEBLAS, ELDOCTOR JECKYLL Y SU HERMANA HYDE, EL DOCTOR PHIVES, LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN, EL SABOR DEL MIEDO. 

Un cine presente en cada celebración de Halloween.




viernes, 29 de octubre de 2021

Cuento para leer en Halloween (Iniciativa léeme un cuento)

 

EL MONSTRUO PELUDO

De Alejandra Erbiti



 

El monstruo peludo no tenía un pelo de zonzo. ¡Tenía mil millones de pelos de zonzo! Tan zonzo era el monstruo peludo que no entendía por qué las personas gritaban y salían corriendo despavoridas apenas lo veían. Y como no entendía qué pasaba, el monstruo peludo se aburría y se enojaba. Y cuanto más se aburría y se enojaba, más grande y más peludo se volvía. Es que los habitantes de Pelidelfia no estaban acostumbrados a ver monstruos. Y ahora, andaban aterrados, locos de miedo y no hablaban de otra cosa.

—¡Yo lo vi! ¡Yo lo vi! —dijo el señor Beto—. ¡Se me apareció así, de golpe y sin avisar! ¡Es tan, pero tan peludo que apenas le pude ver esos cinco ojos grandotes y saltones que tiene!

—¡Qué espanto! —gritó la señora Kiti—. ¿Cinco ojos?

—¡Nooooo! ¡Tiene más! ¡Tiene como veinte ojos así de saltones!

—dijo el barrendero y abrió los brazos como para atajar un penal.

—Bueno, no sé... A mí me pareció que eran cinco, pero si usted dice que tiene más ojos, ya no estoy tan seguro —dijo Beto—. ¡Es que es un monstruo muy, pero muy peludo!

—¡Sí, peludo, peludo, peludo! ¡A mí también se me apareció! —dijo la panadera—. Yo no le pude ver los ojos. Pero le vi las uñas. Son asquerosas, largas, en forma de gancho y terriblemente sucias.

—¿Uñas largas y sucias? —interrumpió el vendedor de diarios—.¡Usted porque no le vio los dientes!

—No, no le vi los dientes —dijo la panadera—. No es fácil verle los dientes entre tanta peludencia... ¡Entre tanto pelo, quiero decir!

—Yo sí, le vi todos los dientes. ¡Son la cosa más horripilante que vi en mi vida!

—¡Qué horror! —exclamaron los vecinos y siguieron conversando.

—A mí se me apareció la semana pasada, cuando tuvimos esos días tan húmedos, ¿recuerdan? —dijo la chica del kiosco.

—¡Sí! ¡Qué humedad tan molesta! —recordaron todas y todos los vecinos.

—Bueno, no se imaginan qué cosa más espantosa es ese monstruo peludo cuando hay tanta humedad. ¡Se le erizan todos los pelos y le salen chispas!

—¿Chispas? —le preguntaron asombrados.

—¡Sí, chispas y chispitas por todos lados! Pero solo se pueden ver si es de noche

—¿Qui... qui... quiere decir que... que... que a usted se le apareció el monstruo peludo de noche? —preguntó la señora Kiti, con la voz que le temblaba de miedo.

—Sí —dijo la chica del kiosco—, justo cuando me estaba por ir a dormir. Me asomé a la ventana y ahí lo vi. ¡Imagínense! No pude pegar un ojo en toda la noche. Me la pasé vigilando que no se acercara a mi casa.

—¡Así no se puede vivir! Tenemos que hacer algo con ese monstruo peludo. ¡Pensemos en algo! —dijo la panadera, y todos se pusieron a pensar.

 



Y mientras los habitantes de Pelidelfia pensaban qué hacer con el monstruo peludo, el monstruo peludo pensaba qué hacer con los habitantes de Pelidelfia:

—¡Qué antipáticos son! —gruñía en su escondite—. ¡Y qué maleducados!

Nadie me conversa, ni siquiera me saludan. ¡Ni hablar de invitarme a comer un asado, o a tomar unos mates! Lo único que saben hacer es gritar y salir corriendo. No sé qué les pasa. No entiendo nada de nada. Me tienen harto. Estoy aburrido y enojado —dijo y se preparó un té de tilo, porque se puso muy nervioso al pensar en todas estas cosas feas.

Por su lado, después de mucho discutir, a los vecinos de Pelidelfia se les ocurrió una idea brillante... Bueno, tal vez no muy brillante...

Digamos que se les ocurrió una idea, y punto. Enseguidita, la publicaron por todos los medios:

 


Al final del aviso, había un número de teléfono, para que los pescadores, los peluqueros y las peluqueras, la sociedad de manicuras y la de dentistas se comunicaran. Y así lo hicieron.

La brillante idea para deshacerse del monstruo peludo era así: primero, asustarlo con tijeras de peluquería. Si esto no era suficiente, los pescadores iban a atraparlo con sus redes y, una vez atrapado, los peluqueros y las peluqueras le cortarían todo ese pelo asqueroso hasta dejarlo completamente pelado; manicuras y podólogos se harían cargo de esas uñas largas, sucias y ganchudas y, por último, un batallón de dentistas se ocuparía de los dientes.

—Y, como en Pelidelfia siempre hace mucho frío, si lo pelamos y le quitamos todas esas otras cosas que nos dan miedo, seguro que ese monstruo horroroso se manda a mudar —dijo el señor Beto, y todos lo aplaudieron, saltaron y gritaron: “¡Viva Pelidelfia!”, “¡El que no salta no es pelidelfio!”, y cosas así.

Ya estaban todos preparados y pertrechados, como en las grandes batallas de la historia, listos para combatir al monstruo peludo. Esperaron, esperaron, hasta que... ¡Apareció!

Pero, como hacía mucho que el monstruo estaba tan aburrido y tan enojado, había crecido un motón. Había multiplicado su tamaño más de cien veces. Estaba tan enorme que tapaba la luz del sol y parecía de noche. Y, como era un día de muchísima humedad, tenía todos los pelos parados y, como estaba tan oscuro, se veían todas las chispas y las chispitas que le salían por todos lados. Los habitantes de Pelidelfia se quedaron petrificados del susto. El monstruo peludo los miró con sus dos ojos un poquito saltones y muy tristes, y les dijo una sola cosa:

—¿Qué les hice yo para que me traten tan mal?

Nadie supo qué responder. Es que ese supuesto monstruo peludo no les había hecho absolutamente nada. Por lo tanto, nadie pudo decir una sola palabra.

El monstruo peludo ya no aguantó más. Abrió su boca gigante y, de un solo bocado, se los comió a todos.

 

FIN

 

Este cuento pertenece al Plan Nacional de Lecturas 2021 (Argentina)

 

Acerca de la autora:

 Alejandra Erbiti nació en Buenos Aires. Escribe teatro, novela, cuento, poesía y otros géneros.Entre sus títulos más conocidos se destacan Rumores de amores con humores, Teatro por tres de la cabeza a los pies, Los tíos del Quinto Infierno, novela finalista del Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil 2010 y ¡Somos unos animales!



 Halloween 2021 INICIATIVA DE @tiffanybooksandlife compartir un relato para promover la lectura entre jóvenes y niños y niñas.