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domingo, 5 de mayo de 2019

Nuevo proyecto Adriana Cloudy

Este año pude concretar un par de proyectos nuevos y usualmente me gusta dejar asentado en el blog en qué estoy trabajando. Espero que mi nueva propuesta les resulte interesante, pero no busco eso al publicar la sinopsis en el blog, como siempre, además de mostrar mis experiencias y aprendizajes en el camino de un escritor, por este medio dejo asentado mi propiedad intelectual sobre la historia, y les cuento que como autora ha sido un viaje precioso y me enamoré de estos personajes.
Para quienes visitan el blog les comparto un adelanto de una de mis dos novelas nuevas:

El lirio de plata 



Sinopsis: 
El Príncipe Egan ha cumplido los veinticinco años y tiene derecho al trono. Convertirse en Rey le permitirá emanciparse de la rigurosa tutela de su madre.
Su progenitora ha sido la presencia más poderosa en el palacio. Incluso en el prestigioso Concejo de los Elementales, no se toman decisiones sin la aprobación de la Reina Madre. Eso cambiará cuando él se convierta en el nuevo Rey.
Pero sus ambiciones se ven estorbadas por una ancestral costumbre del Reino de Dhyrne: para ser coronado Rey antes debe casarse. Aunque desearía librarse de esa imposición protocolar, sin matrimonio no habrá corona.


El príncipe utilizará una célebre leyenda para evitar contraer matrimonio, seleccionará a siete jovencitas de su harem y si alguna de las elegidas consigue regresar al palacio desde la selva, podrá reclamar el título de reina. Solamente la más audaz y valiente tendrá derecho a convertirse en el Gran Lirio de Plata.

Egan cuenta con qué ninguna de ellas regrese de tan inhóspito lugar. Mientras tanto, la sombra de su tío materno, el rey de Bensala, comienza a crecer alrededor del reino amenazando con quitarle toda posibilidad  de gobernar.

El lirio de plata de Adriana Cloudy ©
Todos los derechos reservados 2019 Argentina





jueves, 17 de noviembre de 2016

LIZY





Lizy



La maestra de Lizy ya estaba cansada e incómoda de esperar sentada en la cocina. Llevaba una hora observando como Lizy, su pequeña alumna de siete años, estaba concentrada en pintar un jardín lleno de rosas en su cuaderno. De vez en cuando, interrumpía su tarea para sujetarse un rizo rebelde que caía sobre su frente. No era habitual que tuviera que presentarse en el hogar de un niño, en este caso, su visita respondía a una inquietud personal. La niña solia tener conversaciones extrañas con sus compañeritos y temía que Lizy estuviera siendo victima de algún tipo de abuso. La muerte, últimamente parecía ser el tema favorito de la niña, y cuando la sorprendió describiendo a su compañera de banco, el proceso de la detención del corazón de un pajarillo, la docente se sintió alarmada.

 —Por favor linda, dile otra vez a tu padre que estoy aquí para hablar con él—insistió la maestra.

 —Se lo dije, pero quiere saber para que vino a la casa—respondió amablemente la pequeña.

—Lizy, toda la semana esperé que tu padre se presentara en la escuela, y además has faltado demasiadas veces durante el mes... Si sigues faltando perderás el año escolar.

—Es que mi padre no ha podido acompañarme al colegio.

—Entonces, buscaremos una forma de que otra persona te lleve.

Lizy quería que su maestra se sintiera a gusto en su casa. A pesar de ser sólo una niña entendía sobre la importancia de los buenos modales y ofreció preparar un té caliente.

—¡Le serviré un delicioso té, señorita Elisa!

—Con mucho cuidado, no vayas a quemarte al encender la cocina.

Cuando el agua estuvo lista, Lizy lentamente llenó la taza con una aromática infusión. Consultó la cantidad de cucharaditas de azúcar que agradaba a la educadora y luego se apresuró a ir en busca de una sorpresa:

—¡Y aquí están las galletas!—exclamó saltando la niña con una amplia sonrisa. Mientras abría la lata donde guardaba sus favoritas.

La educadora tomó una de las galletas. Eran suaves, esponjosas y realmente muy ricas.

—¡Están deliciosas!— exclamó la señorita Elisa,saboreando las masitas. 

—¡Verdad que si! Me gusta comerlas por la tarde.

—Y dime Lizy... ¿Cómo te llevas con tu padre?

—Muy bien—contestó y unas migas de galletas cayeron de su boca—,cuando viene enojado del trabajo yo le preparo un té, así su enojo se va más rápido.
Mordió y masticó, tragó y agregó.
—Un té, siempre le quita lo gruñón pero yo creo que no es el té, es el azúcar.

—Lo dulce siempre nos pone felices. A nuestro cerebro le agrada el azúcar.

—¡Pero es azúcar es mágica!—dijo Lizy maravillada.

—No Lizy, ésta azúcar no tiene magia, simplemente su dulzura nos hace sentir mejor.
La maestra levantó con su cuchara una pequeña porción de la azucarera con intenciones de darle una breve lección de ciencias.

—¡Esa si es mágica! Yo la cambié hace unos días y puse azúcar para dormir ratoncitos. Cuando la comen, ellos se quedan dormidos y felices para siempre.

FIN



Autor: Menteimperfecta (Adriana Cloudy)
Todos los derechos reservados ©
Argentina

domingo, 30 de octubre de 2016

LLuvia ( cuento)





Lluvia 



Cuando regresó del primer recreo, Julieta, observó que habían tocado su carpeta.Se fue al recreo dejándola abierta en la materia de la clase, y ahora, estaba cerrada.
Su primera reacción fue de inquietud, al suponer que otro estudiante le había robado las hojas de algún trabajo práctico reciente. Pero al abrir la carpeta nada faltaba, al contrario, no le habían quitado sino dejado una especie de obsequio.
Encontró prolijamente ubicado, detrás de la tapa: un sobre. Sellado y sin datos que revelasen su procedencia. Abrió la carta que constaba de una sola página. Tenía escrito con letra cursiva, y de forma torpe pero sincera, las palabras más dulces del mundo. Se mordió los labios para no gritar de felicidad en medio de la clase. Al pie de la misiva, firmaba: Agustín.


Estaba profundamente enamorada de Agustín. Vivía a tres cuadras de su casa, y trataba de coincidir siempre con él, al momento de tomar el colectivo. Desafortunadamente en la escuela, al agrupar los estudiantes, a Julieta le tocó otra aula. Lo seguía a diario en el recreo, manteniéndose a corta distancia, a veces, disimulando su acoso con un libro en la mano que le servía para desviar su mirada, si Agustín se daba vuelta hacia ella.
Los alumnos de ambos cursos conocían los sentimientos de Julieta por el alegre y carismático Agustín. Julieta arrastraba normalmente una compañera, para ver los entrenamientos de voley o gimnasia, de los que participaba su adorado. Ella realizaba todas esas tonterías que hacen las chicas enamoradas en la secundaria y Agustín, siendo el típico chico tonto en rol de joven semental, ante su admiradora se reía con el resto de los varones del equipo de voley, cuando evaluaban a las mujeres de la escuela que los observaban sentadas en las tribunas basándose en su aspecto.
Pero ella era bonita, realmente era muy bonita. Sólo que a los catorce años ninguna chica se considera hermosa a si misma y permite que, los machos alfa en proyecto decidan a cual hembra dedicarle atención, como si estuviesen haciéndole un favor.
Mismo curso diferente división resulta similar a vivir en ciudades distintas, pero con un puente en medio por el cual desde ambos lados gustan cruzar; especialmente cuando se trata de saber que iba a preguntar en la próxima prueba el profesor de la materia que compartían.

El mayor punto en contra de Julieta era que Agustín sabía que él, le gustaba. Le había hablando unas cuantas veces, y ella no podia evitar sonrojarse. Su admiradora llegaba a intimidarlo también; normalmente Julieta se sabía todas las respuestas de los exámenes. Se destacaba por ser una chica inteligente con un promedio sobresaliente.
Y de pronto, esa carta lo cambiaba todo: Agustín le abría su corazón y expresaba que estaba dispuesto a una relación con ella.
Para el segundo recreo, Julieta dispersaba felicidad por el aire. Tomó la carta, no sintió necesidad de meterla en un bolsillo, y salió en busca de Agustín. En su cabeza se veía dándole un beso de película con todos a su alrededor aplaudiendo. Agustín se transformaba en el apasionado Romeo de Julieta.
El puberto Romeo andaba, como siempre, holgazaneando en el recreo con sus amigos. Cuando se acercó lo llamó aparte, y él sorprendido solo se apartó unos pocos pasos del grupo. No importaron las miradas curiosas, Julieta le mostró la carta con los ojos brillando de amor. De esas miradas que lanzan chispitas. Agustín no la leyó, no le hacía falta, reconoció de inmediato la epístola y aceptó su autoría.

—Sí, la escribí yo. Es mi letra…—dice torciendo la boca con un aire burlón—, era para otra chica. Es una carta que me quitó un amigo la semana pasada y te la dio a vos, como una broma.

Podría haber sido un momento sin mayores consecuencias si, Agustín, no hubiese soltado una carcajada, que llamó la atención del grupo cercano de compañeros. Incluso el ejecutor de dicha broma se dio por enterado y le arrojó con las puntas de los dedos un beso a Julieta.
El cielo comenzaba a entristecerse tapado por gruesas nubes oscuras. Todo se cubrió por el negro de un vendaval de invierno, sin embargo, no llegaba a ser tan negro como el hoyo que Julieta sentía formarse en su corazón.
El timbre ordenó que todos regresaran a sus cursos a soportar la última hora de clases.
Entre la decepción y la vergüenza, Julieta no decidía cuál de las dos sensaciones, le dolían más.
Al momento de finalizar la jornada esperó hasta ser la última en abandonar el salón, y en lugar de dirigirse a la salida, buscó refugio en un aula vacía para llorar:

Es doblemente estúpida, por pensar que Agustín finalmente se había fijado en ella y por permitir que todos se enteraran del rechazo. Corre por el pasillo del colegio herida; con una herida invisible y por esa cualidad, extremadamente dolorosa. Todos huyen del encierro escolar y ella necesita huir del mundo. Julieta llora con la misma fuerza y desesperación que las nubes. Demora casi una hora en reponerse. La tormenta se había desatado con furia pero, a ella poco le importa el viento o el frío. Hasta considera una suerte que la lluvia se entremezcle con su llanto. A pesar del ruido de los truenos, el único sonido que retumba en la cabeza de Julieta es la risotada de Agustín.
No quiere volver a verlo. No quiere regresar a la escuela.

Caminó si intentar refugiarse y subió al colectivo, completamente empapada, con el pelo y la ropa chorreando agua. Se levantó del asiento y sin estar segura si había llegado a su parada, avisó que iba a bajar. El chofer se detuvo, y tiró de la palanca que permitía abrir las puertas del transporte. No vio, distraído por la tormenta y enojado con los autos que se amontonaban cerrándole el paso, que ella resbaló del escalón al descender del transporte. Cayó directamente sobre el borde de la calle y quedó inconsciente.
El barrio estaba completamente a oscuras. La energía eléctrica suele interrumpirse por seguridad cuando el viento sacude con violencia los cables. En la oscuridad nadie se percató del cuerpo de Julieta tendido sobre el barro. Sentía su cuerpo pesado y congelado cuando reaccionó después de un buen rato; se incorporó tambaleante y comenzó a moverse arrastrando los pies.
Fue Agustín el único que por la ventana la vio pasar frente a su casa, caminando despacio. Salió sin importarle abandonar el calor de su hogar y corrió hasta Julieta. Gritó su nombre y la detuvo en medio de la calle, bajo la lluvia torrencial, la sujetó por los hombros, y levantando la voz por encima del estruendo del cielo, le confesó:
—Si me gustas, Julieta. Me gustas mucho y te quiero.
La abrazó con fuerzas como intentando hacer físicas sus palabras, y a la vez, dudando que pudiera escucharlo. El cabello de Julieta estaba tan mojado que la sangre apenas se percibía y solo al notar la mancha roja que se había formado en su propio hombro, Agustín, se dio cuenta que algo no andaba bien. Ese instante donde reconocía su amor era también una despedida. Julieta si lo escuchó. Fue lo último que oyó; quizás la forma más bonita de irse de éste mundo sea escuchando, una anhelada confesión de amor.
Un mes después, Agustín y su familia se mudaron del barrio. La lluvia no solo traía malos recuerdos al joven.La lluvia regresaba con Julieta… 
Agustín la vio pasar por la calle en distintas ocasiones, caminando en pleno aguacero. No era el único que aseguraba ver a Julieta: Los conductores ya no se detuvieron en la parada habitual del barrio, cambiaron su ruta luego de repetidos episodios donde varios pasajeros le gritaron al chofer por una chica que se había caído al descender. No había estudiante que hubiese bajado del vehículo ese día, ni los siguientes en los cuales diferentes vecinos dijeron ver al fantasma de la chica bajo la lluvia.

FIN

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Autor: Adriana Cloudy © Todos los derechos reservados
Octubre 2016
Argentina



viernes, 28 de octubre de 2016

El Recolector ( cuento)



Un cuento de MenteImperfecta 



El Recolector
 

El famélico hombrecito apuró el paso. La noche estaba despejada y la luz de una luna llena permitía ver claramente las calles por donde transitaba; olía una tibieza en el aire endulzada por el aroma de jazmines. Por más hermosa que se considere una noche de verano, él prefería las noches frías y oscuras, de esas que obligan a la mayoría a permanecer dentro de sus casas. Sus noches favoritas eran aquellas donde el viento acobardaba a los peatones y los obligaba a buscar rápidamente un refugio. 
Esa noche tan cálida y agradable lo perturbaba, y a pesar de que la zona que recorría era siempre la misma, no podía evitar pensar que en cualquier momento podía toparse con otro recolector y entonces se vería obligado a pelear por su derecho a trabajar en esas calles y quizás la discusión entre ambos llegara a ponerse violenta...
CONTINÚA

 ESTA HISTORIA PODRÁS ENCONTRARLA EN MI LIBRO : TENEBROSOS



Autor: Adriana Cloudy
Argentina 2016

domingo, 13 de marzo de 2016

El futuro de nuestra relación (cuento breve)



El futuro de nuestra relación


Ella estaba feliz de poder contarle, a cada una de sus amigas, que ya cumplía un año de noviazgo. Morina se sentía muy capaz de poder superar el récord de su pareja, porque la relación previa de su novio había durado unos quince meses.
En realidad Morina esperaba ser la última mujer en la vida de Augusto, si bien no tenían planes de casamiento, no significaba que la relación fuese a terminar algún día.
Aseguraba a todos que ellos dos eran el uno para el otro. Y estarían juntos por siempre.
Por supuesto que ella no desconocía que el tiempo suele devorar al amor; son sus dientes la rutina y el conformismo, ambos surgen sin poder evitarlo, masticando la pasión a diario y sabemos que nada dura sin pasión.
Ese fuego pasional fue fácil de mantener por doce meses, por eso la duda perseguía su mente últimamente: Solía preguntarse si había una forma de prevenir la caída del amor, o la aparición de un tercero que los separara.
¿Se podría mantener  esa pasión inicial durante doce años, veinte años o toda una vida?

Una amiga le sugirió buscar la respuesta con una sesión de Tarot. Las cartas podían anticipar alguna dificultad o si existía una energía negativa cerca de ellos. Morina aceptó, sin embargo, no se conformó con una simple leída de naipes, dónde le sugirieron confiar en el amor que ambos se tenían. Encontró una forma mejor…
Un hechizo que permitía ver el futuro y era bastante sencillo de realizar. Uniendo cabellos de los dos y sumando unos ingredientes culinarios preparó una infusión amarga en la cual sumergió sus nombres escritos en un papel. Dejó reposar la mezcla en una taza cubierta por un paño durante toda la noche en medio de dos velas rojas encendidas.
A la mañana siguiente apenas despertó se bebió el líquido que estaba muy frío y tenía un fuerte sabor a vinagre.
¡¿Por qué quiero hacer una cosa tan estúpida?! , pensaba mientras corría al baño para enjuagarse la boca.
Pero no la habían engañado, porque el brebaje además de ser de un horrible sabor, daba resultado.
Esa noche soñó con el futuro. Se vio viviendo en la misma casa con su novio, divirtiéndose juntos acomodando muebles nuevos; también vio la aparición de las cuentas por pagar: tarjetas de crédito, boletas de luz y gas, todas vencidas y vio a su padre prestándole dinero para pagarlas.
En el sueño también aparecían varios de los amigos de Agusto, su novio se reía junto con ellos, mientras cenaban en la casa. Al llegar Morina fatigada del trabajo todos se marchaban, incluido su ahora: señor esposo, y se quedaba sola juntando el tiradero de la reunión.
La peor parte fue cuando acudía angustiada a realizarse un aborto.

-Un pésimo sueño influenciado por mis nervios- se dijo a si misma al despertar.

La noche siguiente tuvo otro sueño igual de desagradable. Esta vez, Augusto le gritaba y le daba puñetazos a la pared, sacaba sus vestidos del placard y arrojaba su ropa por la ventana. Sin alcanzarle esto, sacudía a Morina tomándola por los hombros y la empujaba. Ella se negaba a salir de la casa y él le tiraba del cabello arrastrándola fuera del departamento.
Se despertó reteniendo un grito.



Decidió hablar con sus amigas acerca de los sueños que le estaba provocando el hechizo.

-No te amargues por una pesadilla. No puedes creer que un brebaje pueda enseñar el futuro.
Le afirmó una de ellas.

- Si pelearas con Augusto y terminaras con él ¡Qué importa!, habrá otro chico al que le gustes y tendrás un nuevo novio-le dijo otra, convencida de que a Morina le faltaba mucha experiencia con los hombres.

- ¡No! Él es mío, me pertenece y siempre seremos felices. Somos el uno para el otro. Me siento cómoda con él, lo quiero y no lo dejaré nunca ¡Y puedo asegurarte que él nunca me dejará a mí!

 Siendo Morina bien conocida por sus amigas, sabían lo difícil que podía ser intentar que cambie de opinión, si ellas seguían sugiriendo que exageraba con el asunto sólo conseguirían enojarla.
Sus amistades eran de su agrado cuando coincidían con ella; contradecirla era ganarse su fría indiferencia.
La solución a sus pesares estaba en hablar del brebaje a su novio e insistir para beber una nueva preparación, esta vez, los dos juntos.
El pobre Augusto acostumbrado a complacerla protestó sin éxito en primera instancia y esa noche él también bebía la asquerosa infusión. Morina evitó argumentar  que se trataba de un embrujo, le inventó que la mezcolanza mostraba en los sueños aquellas  personas que le deseaban algún mal o le tenían envidia.
El resultado fue desconcertante para la enamorada, Augusto había dormido como un bebé.

- ¿Soy yo quién padece éstas pesadillas? ¿Por qué soy la única victima? ¡No permitiré que nuestro amor se acabe!- se decía interiormente- No importa lo que suceda...¡Jamás nos separemos!

¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!

Los días y noches pasaban, y las pesadillas continuaban. Hasta que una mañana entendió todo.
El sueño anunciaba desenlaces horribles con su pareja porque era ahora, en su presente, cuando ella debía asegurarse el amor eterno.
Llamó por teléfono a Augusto y lo invitó a almorzar. Toda la mañana preparó el almuerzo perfecto, que incluía el postre favorito de su novio: unas suculentas frutillas con crema.
Les pidió a sus padres que los dejaran solos. La madre para obtener sin problemas el permiso paternal le dijo a su marido con picardía:
-La niña ya quiere casarse, vas a ver que lo convence de formalizar  y pronto tendremos boda.

Sin la familia de la novia en la casa, los enamorados almorzaron tranquilamente.

– ¿Es algún aniversario que olvidé?- comentó sonriendo el novio.

-Mi amor, te quiero mucho. Eres el único al que amo.Me perteneces,¿verdad?

- ¡Qué rudo y tierno a la vez suena eso!- se rió divertido Augusto- Te quiero mucho. Yo soy tuyo y tú eres mía.

-¡Y será para siempre!- declaró Morina-Los dos seremos recordados como la pareja perfecta. Amándonos para siempre.

En un veloz ademán tomó un fino cuchillo y abrió la garganta de su novio de izquierda a derecha. El chico automáticamente sujetó su cuello con ambas manos, despedía borbotones de sangre que caían como una cascada sobre su pecho.

Ya no habría dudas ni temores entre los dos, ni oportunidad de conocer a otras personas que pudiesen separarlos. 
Acto seguido Morina levantaba la cabeza y en forma brutal se cortaba su propio cuello.
Ese amor seria eterno.

Es una pena que la mente del ser humano jamás recuerda en su totalidad un sueño, conserva por razones desconocidas sólo ciertas partes, generalmente aquellas que le producen más angustia.
Si Morina recordaba el sueño completo hubiese visto que en realidad a futuro, era ella la que lo engañaba y deseaba dejar a Augusto, y no sabía cómo deshacerse de él.




 FIN




Autor MenteImperfecta © ( Adriana Cloudy)
Marzo 2014 Argentina