miércoles, 15 de julio de 2015

Velika capitulo 1 (segunda parte)

Capitulo 1 


Una madre
(segunda parte)



Obligué a nuestro cochero a llevarme hasta la aldea donde había nacido Velika. Quería conocer la tumba de su madre y saber realmente la razón de su muerte.
Rupert y María eran empleados de la casa desde nuestra boda; ocupando los cargos de chofer y cocinera, vivían con nosotros y eran leales y educados; cumplían su labor diariamente con suma dedicación. Respetaban a mi esposo y adoraban a nuestra hija.
Rupert acompañaba a mi esposo, a cada una de sus rondas por los pueblos cercanos, visitando sus pacientes. Era un buen conductor, podía controlar los caballos bajo la peor tormenta o en medio de la niebla. Los animales confiaban en su mano y esa misma confianza le tenía mi marido.
Una mañana, antes que despertará mi esposo, le avisé de mis intenciones. La cara regordeta de Rupert se estremeció y se negó efusivamente a realizar un viaje a espaldas del doctor. Se excusó diciendo que un trayecto de varios kilómetros podía exponerme a Dios sabe cuantos peligros.
Fue la primera vez que tuve que recordarle que yo también era su ama y si le pedía su ayuda debía obedecerme. Pero no fue mi rudeza la que convenció a Rupert sino mi desesperación y mis súplicas. Conocía todas mis noches sin dormir al lado de la cama de Velika, de todo él se enteraba por su esposa, y ambos compartían nuestro temor por el bienestar de la niña; aunque María tampoco apoyaba mi idea de ir a un poblado que había desaparecido a causa de una misteriosa enfermedad.

-Ya pasaron más de tres años-le dije a María.-La causa del contagio no puede sobrevivir sin más victimas que dispersen la peste.

- Señora, por favor, debe avisarle al doctor. Imagínese si le ocurre algo malo; él no perdonará a mi esposo por ocultarle su viaje.

- Nada va a pasarme-le afirmé tratando de tranquilizarla- Rupert sabe exactamente dónde está lo que busco. Esperaré al lunes próximo, cuando mi esposo se vaya en tren hasta Rostov. Volveré en el día, no nos detendremos en ningún sitio y te aseguro que para la medianoche estaremos de regreso.
María siguió intentando que cambiara de idea. Finalmente entendió que conocer el lugar de procedencia de Velika era algo que le debía a mi hija. Ella algún día preguntaría por su verdadera madre, y yo estaba obligada a darle alguna respuesta.
Dejé algunas recomendaciones para Duscha y excuse mi falta en el hogar aduciendo un mensaje urgente que me obligaba a visitar a una tía. Le indiqué que María tomaría las decisiones necesarias en la casa durante mi breve ausencia.

El trayecto fue tranquilo y al cabo de cuatro horas estábamos en el sitio donde reposaban los restos de la madre de Velika. Mi cochero me ayudó a descender del carruaje; el cielo se había tornado tan gris como las tumbas carentes de flores que tenía frente a mí. El hombre encargado del cementerio, después de recibir una bolsa de monedas, nos abrió sin hacer preguntas el panteón en el cual yacía en eterno descanso la mujer que había traído mi hija al mundo.
Una vez dentro le pedí a Rupert que abriera el féretro. Primero se negó. Era un acto inmoral lo sé bien, pero nuestro viaje no tenia sentido si no veía por mis propios ojos los huesos de esa jovencita que ofreció su vida para que mi pequeña Velika viviera.
Con esfuerzo consiguió correr la pesada lápida de cemento. Y luego, cubriéndose primero la boca con un pañuelo, levantó la tapa del cajón.
Nada me había preparado para lo que estaba dentro del ataúd:
El semidescompuesto esqueleto de contextura pequeña, si pertenecía a una mujer joven. Estaba vestida con una amarillenta túnica bordada, y por sus hombros caía un largo cabello rubio, con similar color que el de Velika. Como manifiesto de que había sido amada en vida estaban desparramadas varias rosas secas sobre sus pies. Pero, para sus familiares era quizás el diablo quién también la amaba, porque en su pecho estaba enterrada una gruesa vara de madera. Una estaca, que habían martillado sobre su corazón de forma atroz. Y  le habían roto el maxilar inferior en el intento de introducir una cabeza de ajo en su boca.
Grité espantada,  y de seguro, fue mi mirada lo que hizo que el chofer me sujetara con fuerza de los brazos; tratando de evitar que manifestara en una crisis de locura ahí mismo.
 ¡¿Qué clase de mujer estaba dentro del sarcófago?!  ¿Por qué razón se la habían sometido a tan salvaje ritual?

- Señora no se altere. Estamos en una zona de gente  muy supersticiosa- me dijo Rupert gravemente- lo que le hicieron al cadáver es normal. Todos los pobladores le temen a los no-muertos.

- ¿Era una bruja?

- No señora, seguramente creían que era un vampiro.

- ¿Un vampiro? ¿Esos seres nocturnos que secuestran niños?

- Una versión del diablo-me respondió- en estos pueblos aún creen que las enfermedades son culpa del diablo.

Es cierto que la ignorancia y la pobreza los hacia cometer actos paganos en un intento de salvar almas. Pero yo pensaba que semejantes prácticas se habrían olvidado en un mundo moderno, sin embargo, estaba consciente que las supersticiones seguían compitiendo con la verdad que ofrecía la ciencia.

- Ella ya no es la madre de su hija tiene que olvidarse del vinculo de la niña con estas tierras.- me aconsejó.

El cuidador del cementerio se había quedado en la entrada y se acercó atraído por la curiosidad morbosa de saber que buscábamos en la tumba. Sin que le pidiésemos explicaciones ofreció su propia versión de la difunta.

- Ella era la amante de un demonio- hizo la señal de la cruz, y continuó diciendo- Teníamos que proteger al pueblo de su hambre, esos seres matan para conseguir sangre no les importa si es un niño o un anciano ¡El hambre los vuelve locos cuando se levantan de las tumbas!

- ¿Qué dice hombre? Yo acompañé a mi amo el día que murió esta niña. Murió al dar a luz la pobre infeliz.

- No voy a discutir con ustedes, si quieren saber la verdad sobre la muerta, pregunten en el pueblo por la vieja Inga. Ella es la comadrona, en su casa recibe a todas las parturientas hasta que llega el doctor.

Nos hablaba con total confianza y descaro; dando a entender que estaba frente a dos incrédulos.

-¿Hay gente todavía en el pueblo?

Me sorprendió que viviese alguien, según mi esposo, todos los pobladores de la región se habían trasladado.

- Claro señora, si el único vampiro que llegó a esta zona es el que ven en el sarcófago.

El pueblo se encontraba un poco más adelante. No era muy grande, varias familias vivían de la actividad rural y no había señales de que hubiese sido devastado por la peste. Rupert se dirigió a la casa de la comadrona, a pesar de habían pasado más de tres años, recordaba perfectamente el lugar y la cara de la anciana. Lamentablemente, ella, también lo recordaba y apenas se asomó a la puerta la cerró nuevamente.


-No quiere atendernos- me dijo Rupert,  acercándose a la ventanilla. Todavía sentía una repulsión en mi estómago que me impedía descender.

Mi cochero no tenía ganas de insistir, entonces fui yo misma a golpear la puerta. Sin respuesta toqué el cerrojo, y comprobé que la anciana había olvidado trabar la entrada. Ingresé despacio, recelando que alguien más se encontrara dentro.

- No tema Inga, sé que conoce a mi cochero. Pero soy yo quién desea hablar con usted, por favor, no tenga miedo.

Su hogar consistía en un cuarto con apenas algunos muebles, destacaba una cama enorme y otra pequeña en un rincón y la cocina estaba ahí mismo. Sentada en la cama pequeña, la anciana, sujetaba un rosario, y murmuraba algún tipo de plegaria.

- Usted conoce a mi esposo. Es el doctor Gusev.

- Él prometió que nunca volvería, y usted no debería estar aquí.

- No debe temer Inga...no vine a molestarla. Quiero hacerle unas preguntas sobre un recién nacido que se llevó de este pueblo... necesito saber si conoce a la familia de ése bebé.

- ¿La hija que tuvo la extranjera?

- ¿No era una mujer del pueblo?

- Llegó cuatro semanas antes de dar a luz, su marido la dejó en el pueblo y no regresó. No comía nada o por lo menos nada normal...

- ¿Mi esposo trajo a esa mujer al pueblo?

- Si,  me dijo que era una paciente de él.

- ¿De dónde era ella?

- No lo sé, pero parecía de buena familia. Apenas hablaba y tuvo un parto muy difícil. Yo no pude ayudarla...devoraba vasos y vasos de sangre de cabra- la anciana pasó su mano por la frente como si le doliese recordar- ¡Era espantoso verla beber! Quizás estaba loca o quizás si la había contagiado un strigoi. Nunca supe porqué el doctor la trajo al pueblo pero... si ha venido a mi casa significa que usted...ahora tiene a la niña.


  
Terribles pensamientos anclaban en mi mente, mientras regresaba a mi hogar; si podía llamar hogar lo que se había formado sobre cimientos de mentiras y secretos. La vieja Inga cuidó todo un mes a la madre de Velika; una pesadilla que la anciana deseaba olvidar y fue ella la encargada de atender el parto. Suponía que la criatura había sobrevivido, era una niña fuerte a pesar de su pequeño tamaño, sin embargo, para Inga el mal de la madre estaba en la hija. Y si buscaba información sobre ella, anterior a  su estadía, debía exigírsela a mi marido.
El hombre que amaba, y al que le entregué mi alma me había escondido, adrede, detalles espantosos sobre la madre de nuestra hija. Mi solemne esposo, me consideraba tan susceptible e ingenua como para reservarse la herencia que acompañaba a mi pequeña. Una mezcla de indignación, miedo y amargura daba vueltas en mi corazón. Estaba claro que en el aspecto profesional, el doctor Gusev, ponía la discreción y reserva acerca de la salud de sus pacientes por encima de su familia.
 Me sentía traicionada.

Al entrar a la casa, el reloj que estaba junto a la escalera principal marcaba la medianoche. Velika vino corriendo a recibirme con sus bracitos en alto y una tierna sonrisa. Ese brillo de alegría, de sus ojitos grises, era el mismo que todo niño ofrece a su madre, y en el Universo no debe existir algo tan valioso como la mirada de un niño. La mirada de quién desconoce los males del mundo. La abracé. Aunque las palabras de Inga golpeaban mi cabeza:
 Cada noche quería huir..., la encontramos bebiendo la sangre del cuello de un borracho..., gritaba que vendría a buscarla el diablo...

La ternura no daba paso al espanto. Pero...Velika ¿siempre sería mi angelito?



Esperé cuatro días que mi marido regresara. Mientras tanto comencé a vigilar a Duscha, por alguna instintiva razón tenía la impresión de que ella poseía conocimientos o instrucciones especiales sobre el cuidado de la niña. Las dos se comportaban como confidentes que guardan un secreto cuando estaban juntas.
La maestra y mi hija se entendían y disfrutaban de su mutua compañía.Velika era muy cariñosa pero no hablaba como una niña pequeña; cada una de sus preguntas pasaba por la naturaleza o cuestiones éticas.

-¿Un animal debe morir para qué otro pueda vivir?- un peculiar tipo de interrogantes rondaban su cabeza. Exponía sus dudas con tal naturalidad, cómo si consultara sobre si debía ponerle un vestido rosa o amarillo a su muñeca.

Yo sentía que tenía sus propias respuestas a las preguntas que formulaba, y simplemente buscaba saber que pensaba su interlocutor. Duscha la trataba como un adulto; en lugar de contestarle puerilmente o cambiar de tema, no dudaba en leer algún pasaje de filosofía a lo que mi pequeña prestaba total atención. Con casi cuatro años podía contradecir con otra pregunta, la respuesta que le ofrecían. Y se deleitaba desafiando con sus propias ideas cualquier frase popular:

“Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.”

Velika declaraba:

 - Todos terminan amando a quién le cuida. Si cuidas a otro logras que siempre te siga, lo hará para no estar solo. El cuidador se hace más fuerte que el que recibe cuidado.
  
El doctor Gusev regresó con su familia un día jueves, bastante conforme con los arreglos realizados en Rostov. Después de almorzar le pedí que me dedicara la tarde.
No me fue sencillo delatar mi visita al pueblo y al cementerio. Jamás había visto al doctor Nikolai Gusev  palidecer exasperado, y mucho menos, a mi esposo perder la calma; entre sus cualidades existía la inflexión, podía converse a cualquiera solo con su tono de voz pero, siempre evitaba reaccionar ante una crisis sin analizarla brevemente en sus pensamientos.
Relaté mi charla con Inga y le rogué que me hablase sobre la difunta. A lo que me respondió gravemente:

-¿Crees que expondría la privacidad moral de una paciente sólo porqué ahora somos los padres de su hija?

Salió de la estancia sin decirme otra palabra. Y no pude menos que ponerme a llorar. Era madre y esposa pero no la compañera de vida que siempre había creído ser para él.
¿Merecía su repudio mi accionar? Comprendía que buscaba protegernos a las dos, de una sombra que marcaría la vida de nuestra hija. Si pudiese olvidar lo que escuché sobre los vampiros, la sangre, y las supersticiones ¿Cómo olvidaría que quizás mi Velika enfermaría de la misma locura que su madre?  Necesitaba saber si afectaría su futuro. Decidí esperar que él quisiera revelarme toda la historia, y así durante una semana apenas nos hablamos.
La tarde lluviosa del siguiente domingo, mientras estaba en el suelo sentada junto a Velika leyendo la historia de una sirena, mi esposo se acercó preguntando.

- ¿Existirá alguna razón para que dejases de cuidar a la niña?

-Ninguna- respondí- como tampoco, nada podrá lograr que deje de amarla.

- Entiendo tu preocupación pero, te aseguro cómo médico, que no hay razón para que nuestra hija no pueda ser como cualquier otra niña

Velika giró hacia mí y sujetó mis mejillas con sus dos manitos, arrugó la nariz dejando escapar una efímera carcajada. No quería perder la oportunidad y enseguida le pregunté.

-Entonces... ¿vas a contarme tu versión de los hechos?

Lleve a Velika hasta la cocina para que amasara pan junto a Maria. Me sentía tranquila sabiendo que Duscha no estaba en casa, y quizás por ese motivo, mi esposo estaba decidido a hablar conmigo. Las paredes oyen, sobretodo, cuando los sirvientes rondan. Me alegraba que hubiese esperado el día libre de la institutriz.

Era visible que para mi esposo hablar del asunto lo incomodaba. Dio tres vueltas por el salón antes de sentarse detrás de su escritorio. Me observó en silencio, y se rascó una de sus patillas. No sabía por dónde comenzar.  Y en ese instante recuerdo que pensé:
 ¡Dios mío! ¡Quizás Velika es su hija y esa mujer muerta, su amante! Por eso le manifesté sin quererlo, en un tono agresivo.

- No quiero que me ocultes nada, ni que me trates como a un desahuciado al que debes comunicarle que le quedan pocos meses de vida.


- Helena, no es mi intención tratarte como a una tonta- me respondió perplejo por mi actitud- entiendo que Inga te habrá contado cosas terribles sobre el comportamiento de Irina. A pesar de eso, espero que aceptes mi palabra de médico y de esposo, la enfermedad que tuvo no puede contagiarse en un embarazo.

- Entonces... ¿Por qué Velika no puede alimentarse, como cualquier niño?

-Precisamente estoy tratando de establecer, con otros colegas, cuál es el motivo que no supere el tipo de alimento que recibía cuando estaba en el vientre de su madre.

- Dices que como Irina bebía sangre, ella estaba acostumbrada a recibir sangre, lo hizo durante los nueve meses ¡¿Te das cuenta de lo abominable que suena la mera idea, de que nunca lo supere?!

- Querida, protegeré a mi niña siempre y a ti también. Ambas son lo que más amo en este mundo.

No deseaba que empleara su responsabilidad paterna para  justificar todo lo me ocultaba, y aunque lo intentó, no permití que cambiase de tema.

- Dime ¿dónde la conociste? ¿Y por qué la llevaste lejos de su hogar para dar a luz?

Mi marido sonrió, seguramente mis sospechas de infidelidad fueron leídas en mi mirada.

- ¿Crees que tenia alguna relación intima con ella? Bueno, si éramos íntimos. Pero no como tú crees.

Suspiré nuevamente, ya sin ocultar mi enojo; si tenía preparados, varios argumentos masculinos, para excusar su infidelidad, no le iban a ser útiles.

-Irina era hija de un gran amigo de mi padre- comenzó diciendo- Mi padre había sido siempre el doctor de la familia, y cuando se presentó su enfermedad fui llamado.

Se detuvo un instante, pasó su mano por la frente y viendo que no podía retrasar más su confesión, prosiguió diciendo:

 -Imagina a una chica saludable, bonita y feliz; que regresa de su viaje de luna de miel. Todo es perfecto, para ella; se casó con un hombre que la ama y les han confirmado la noticia de que serán padres. Pero, esta dichosa pareja decide cambiar la ruta, para conocer algunos castillos medievales. Sin saber que el cambio de camino transformaría el viaje feliz, en una tragedia.

Mi esposo, a pesar de su experiencia con las calamidades del mundo, tuvo que servirse un vaso de agua para poder continuar con el relato.

- Sufrieron un asalto durante el trayecto de retorno a su país. Eso sucedió cuando tenia apenas unos tres meses y medio de embarazo. No fue un simple asalto. Ocurrió de una forma monstruosa. Destrozaron a su esposo, al cochero e incluso a los caballos. La hallaron al alba, llorando y gimiendo, en un páramo. Unos gitanos que pasaban por el lugar consiguieron que dijera su nombre y de dónde era. Ellos la llevaron hasta la residencia de sus padres.

Un escalofrío subió por mi espalda hasta sacudir mi nuca; en mi mente reviví el funesto viaje de Irina. Una mujer que iba a dar una noticia tan grata a sus padres. La alegría de un nieto; una mujer enamorada y feliz junto al hombre que amaba. Y de pronto se encontró con toda su felicidad destruida.

-Los días siguientes, el comportamiento de Irina era esperable. Una joven que había sufrido semejante golpe del destino no iba  a sobreponerse sin ayuda. Sus padres cuidaban con cariño de ella, sin embargo, era tan terrible lo sufrido que suponían que su hija, nunca volvería a ser la misma de antes.

Mi esposo se levantó del sillón, y otra vez, dio nervioso unas vueltas a mi alrededor. Se mantuvo en silencio, sumido en sus recuerdos o evaluando que debía contarme y que debía reservarse.

- ¡Dime, por favor, que sucedió después con Irina!-insistí

- Su primer comportamiento era el de cualquier victima ante semejante trauma. No podía dormir, se negaba a comer. Por las noches gritaba e intentaba huir de su cuarto. La pobre revivía el suceso en su mente todos los días. Su tío, que también es médico, y su padre consideraron la idea de internarla pero su madre se negó. Continuaron cuidándola y soportando sus desvaríos. Cuando me llamaron, para evaluar el estado de su embarazo, ella ya tenía unos cinco meses de gestación, y la criatura crecía sin problemas.

Mi marido regresó a su asiento, y esta vez cambió el agua por una medida de vodka.

- Entonces, me enteré de su inexplicable conducta: no comía, lo que normalmente llamamos alimento. Le daban de beber sangre de cabras, desde que una noche la habían encontrado succionando el cuello de uno de los animales del establo. A pesar de ello...Irina no se conformaba con sangre animal.
 La frágil mujercita poseía una fuerza brutal y se había escapado en medio de la noche rompiendo el cerrojo de la puerta de su habitación. Dos sirvientes de la casa fueron encontrados muertos; al principio no tenían idea que sucedió con el primero pero, el segundo pudo gritar, y el chofer vio como la hija de su amo se había transformado en un monstruo. Lo había atacado en su cuarto, increíblemente lo azotó desmayándolo contra la pared y bebió su sangre hasta dejarlo impávido.

No pude evitar apretar los nudillos de mis manos ante semejante horror. Mi esposo no necesitaba aclararlo, Irina estaba totalmente loca. De esas locuras violentas y peligrosas.

-¿Por qué no la llevaron a un hospital?-le pregunté.

Me parecía lo más razonable y no entendía, por qué mi marido no persuadió a la madre de internarla inmediatamente. Una mezcla de penoso fracaso y tristeza acompañaron sus palabras.

- Si hubieses conocido a Irina, antes de los negros sucesos que transformaron su mente, entenderías por que nadie deseaba que terminara encerrada en un hospicio.

 Extendió su mano, como pidiendo mi compresión, estaba claro que en su interior, tanto el padre como el médico, todavía luchaban por aceptar el resultado de las decisiones tomadas.

-Helena, ahora eres madre ¿tú le harías eso a tu propia hija?

Moví mi cabeza negando. Conocía bien los hospitales para enfermos mentales; son solamente un lugar donde deshacerse de los seres humanos que molestan. Muchos infelices de buena familia eran abandonados por sus parientes cuando no podían entender que les sucedía y su comportamiento, no era el adecuado, para convivir en  sociedad.

- No era locura lo que se rumoreaba sobre la salud de Irina- prosiguió diciendo- estaba endemoniada era lo que todos sentenciaban, y el sacerdote de la familia hizo un intento fallido de exorcismo.Pero tú sabes, que un poseído debe ser denunciado al Vaticano. El chisme hubiese corrido por toda la zona despertando a los fanáticos religiosos, y en el caso de Irina, es muy probable que la hubiesen llevado a la hoguera tal como se hacia en la Edad Media.

- Entonces, te la llevaste de su casa a pedido de su familia.

- Me la llevé para proteger la criatura inocente que estaba en su vientre. Y para ser honesto contigo, me la llevé sin avisarle absolutamente a nadie.

No pude evitar la sorpresa ante el arrojo de mi marido. Había secuestrado a la joven e un intento de salvarla...y mi niña había nacido de esa madre sumida en la demencia.

- ¿Su familia sabe del nacimiento de Velika?

- Helena...ya no existe la familia de Irina.

- ¿Qué quieres decir?

-La noche que me llevé a Irina, todos y cada uno de los miembros de la casa estaban muertos.


Los ojos se me llenaron de lágrimas, tuve que hacer un gran esfuerzo para contenerlas. Mi amado compañero me conocía bien y de inmediato se dio cuenta que era demasiado para una conversación.
Se inclinó y me besó la frente y los labios; en otro momento, si era necesario, me contaría otros detalles del destino de Irina. Prefirió atenuar mi aflicción comunicándome la noticia que tenia reservada para la cena. Un viaje familiar.

- Creo que Velika ha crecido lo suficiente como para acompañarnos hasta la ciudad de Viena.

No pude evitar una sonrisa de agradecimiento. Necesitaba alejarme de la casa y de los fúnebres pensamientos que me acompañaban diariamente. A nuestras espaldas teníamos una historia de horror, pero nosotros éramos el presente y futuro de la niña. Su nueva familia, su única familia, con la fuerza de nuestro cariño borraríamos el espanto. En ese momento, me sentía tan tranquila junto a mi marido, que no se cruzó por mi cabeza que podía estar equivocada.


Continuará...




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Velika 2015  Argentina Autor: Adriana Cloudy © Todos los derechos reservados





1 comentario:

Irissë Eärwen dijo...

Waa... no hay dudas de que era un vampiro, no las hay, pero se supone que no la niña estaba en gestación antes de que la madre fuera mordida... se hizo vampiro por beber sangre? Chan chan... voy a seguir leyendo jaja